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Pá los tres y pá los que quieran

Era miércoles, y todos los caminos indicaban una noche junto al Cinema Cáfe (rezando por que no sea de riña), la noche, propicia de bebida por el jueves Corpus Christi, anunciaba su estruendo de buen gusto musical, tertulico, gastronómico y de pilseners, cubatas (a la dominicana), caipirinhas (a la dominicana) y margaritas solitarias.

Casi llegando la noche, o sea en la tardecita, el ambiente se vestía de excusas y la salida parecía esfumarse a no ser por Ingmar Bergman y su ciclo de películas en la Cinemateca que nos sirvió de enlace entre la tardecita y la visita nocturna al concurrido Cinema.

Luego de sufrir por hora y media dentro de la Cinemateca (cuantas frías hubieran caído en ese tiempo transcurrido), fuimos a lo que vinimos, sentados en la mesa, trago en frente y tertulia iniciada.

Palabras van y vienen, exploración por el menú de tragos exitosa, la compañía, muy buena, es sustituida (la de la noche temprano pasa a ser la de medio tarde en la noche) por una beldad con la cual tenía ya varias pequeñas atrasadas.

Entonces suena esa fusión de ritmos, guitarra soberbia (la estrella de la noche), batería exquisita, bajo en el punto (aunque el bajista un poco aburrido) y la conga, perdida un poco en el sonido, le daba el toque de azúcar a un despliegue de música de principio a fin encantador.

Entretenido con la música y el nuevo look de mi compañía tardía caían a sorbos los cuerpos de las pequeñas frívolas, en algún momento confundidas por el estilo anoréxico de la marca, hicieron compañía dos asiduas del lugar y claro amigas mías (lo que provocó que casi me ocultará debajo de la mesa debido a la cercanía de ellas con la trifulca de mi última visita a Cinema) que alumbraron un poco más una noche perfecta.

Justo cuando pensábamos que no se podían superar, los chicos agregaron un acordeón para brillar con más sabor caribeño en una noche que les perteneció a ellos.

Luego de que cayera la última pequeña y la última tonada, me enteré que la noche no había escapado sin ninguna riña, parece que se ha hecho famoso agredir a las “chavas” en Cinema. La última victima fue acosada y al final agredida por un “amigo del dueño” en la parte interna del bohemio lugar.

Adiós Cinema, hasta la próxima tonada, hasta la próxima pasada luego de la Cinemateca, hasta la próxima batalla (mentira, prefiero que sigan sucediendo), me despido montado en jeepeta y todo con una musa hermosa y una tonada encantadora.

……A Booty….

……A Carmel y Pachy…..

(Foto del acordeonista fue tomada por: Pachy)

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