Si bien no había entendido la mística mano de mi madre en mi corta existencia, ahora entiendo más que nunca quién es esa majestuosa persona. Mis batallas con la “doña” siempre han sido sobre el hecho de que no hacemos las cosas iguales, y ella, madre al fin, está convencida de que su manera es la correcta y la única. Hoy me doy cuenta. Debido a que tuve que trabajar el día de las madres, no pude compartir con la doña ese día, pero ella, siendo ella, se fue a bonchar por su lado, yo llegue a casa a mediado de la tarde, y como no había comido, la cocina, su cocina, se convertiría en mi víctima. La freída de alimento en la estufa fue un desastre, pero yo estaba despreocupado, considerando que la señora andaba contenta, no estaba dispuesto a hacerla pasar un mal rato e inmediatamente reposara, me pondría el pañuelo en la cabeza, un poco de Blanca Iris Villafañe, Ana Gabriel y Mariasela Hernández y a dejar la cocina tal como la encontré. Después de darme si susodicha jartura dominical, mir...