Las dos caras de una visita al cine

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Historias de dos películas que presencie en la sala de cine de Acrópolis. De la primera salí encantado, de la segunda no tanto.

The Lord of the Ring: The Return of the King (2003)

!Qué bien! Pensé que pude haberlo gritado en élfico sin conocerlo, solo he leído un poco de la obra espero devorarla toda dentro de poco, ya era hora de ver la última entrega de Peter Jackson y arrasadora en los Oscar “The Return of the King” y como nadie me hizo el coro, la premier me la tiro yo solo.

Dentro ya de la sala oscura, un poco más clara antes de la presentación, mascotita en mano y un ice tea al lado disfruto de los trailers y me siento agobiado por las eternas publicidades, cuando una chiquilla muy bonita se sienta a mi lado.

Andaba con dos amigas más, yo saludo cordialmente y respondo a la inútil pregunta de ¿ya comenzó? Mientras pasaban el anuncio de Verizon. ¡plop!

Después de los primeros 15 minutos de la película se acerca a mi oído sutilmente y me pregunta ¿qué tu eres? (al ver que yo escribí dos o tres cositas en una mascotita en una sala oscura) y yo espero un tanto en el momento en que puedo voltear para responderle, me encuentro con sus ojos directamente hacía mí, “aspirante a crítico”, ella se ríe y voltea a la película, yo hago lo mismo.

Las conversaciones surgieron esporádicamente, una que otra pregunta, uno que otro comentario sobre cada uno de nosotros, un “¿y quién es él?” a lo lejos por parte de una de las amigas, un sutil y simpático “yo no sé”.

Al final luego de que le agarrará la mano para hacerle un comentario, se quedó con ella aferrada hasta el final de los créditos alegando frío. Salimos, nos presentamos, comimos algo y el resto es historia.

The Last Kiss (2006)


- “Hey”
- Hola Orlano en que estas?
- Yo aquí tranquilo, en ocio, no hay nada que hacer
- Ah sí, dichoso tú y en que estas este fin de semana
- No tengo nada planeado, soportas hacer algo
- ¿el qué?
- Que se yo, vamos a ver una película y después de ahí nos damos unos traguitos
- Ahí siiiii!!! A mi me encanta el cine.

No hay que hablar, esta es…

Desde su casa partimos en su carro, yo el eterno peatón manejando (y no choque) ella vestida para gala, yo en camisa por fuera y con jeans con los ruedos rotos de tan pisarlo, ella de muñeca con maquillaje, yo con una chivita y un afrito aplastado. ¡Qué mezcla!

Aprovecho una entrega romántica por que ¡verdad!, ella es lo suficientemente dulce para tomarme la mano mientras compró la taquilla. No hay que hablar, esta es; su celular suena, se aleja un poco para hablar pero no me suelta la mano.

7:30 p.m., la hora de inicio esta pautada para la 7:15 p.m. a pesar de que aquí nada comienza a tiempo, ni siquiera el cine con los trailers y el “maso” de anuncios, estamos parados afuera, ella hablando por su celular, ya ha recibido dos llamadas diferentes desde que compramos la taquilla, yo viéndola como habla.

Dentro de la sala de cine el “Paola, yo te dije que te llamaba ahorita, ¿qué fue?” fue una conversación que se extendió hasta los créditos de apertura de la película, el primer “shhhs” de la noche.

“¿Qué ha pasado?” pregunta entre risas después que cierra el celular y la letra “directed by Tony Goldwyn” se presenta en pantalla, digo de forma burlona “los créditos”, a ella, no creo que le gustó mucho.

Ya tranquilos viendo la película, de repente salta con un “ay!!!!”, un mar de “shhhhh” nos asedian, su celular parece que en mal sitio, o en buen sitio, le vibró y ella se asustó, tomó el celular con el habitual “estoy en el cine” pero de todas formas siguió hablando.

No pasan 10 minutos después que le he tenido que explicar parte de la película cuando su móvil estalla otra vez “ah pero fulano si jode” (o sea pues no lo cojas entonces verdad!, no ella lo cogió) “pero muchacha por dios” se voltea el señor de enfrente, “yo pague mi cuarto también, tese quieto” y yo “¿Cómo fue?”.

“Mira linda, excúsame, pero procura que sea la última vez que te manden a callar”, me mira de arriba abajo extrañada “fulano, tu no te imagina lo que este freco me dijo”. De forma tranquila dejo caer las llaves de su carro en su cartera que esta entre nosotros, me levanto a medias y le digo que voy al baño, ella tapa el auricular y dice “ta bien”, el último “shhhh” de la noche los escuché cuando caminaba hacía la luz para no volver.

Los minutos que se nos pasan

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Detenerse y mirar no es algo muy dominicano o muy de una persona local, el turista se detiene y mira porque ha eso es que va o viene, pero el local se le pasa la vida y no se detiene, eso nos pasa a nosotros a cada rato.

En estas constantes etapas de desgracias, que le puede costar a uno detenerse a deleitarse con un atardecer en el malecón y gastar las plantas de los pies una noche en la Zona Colonial.

Así se respira un aire nuevo y diferente, te da tiempo para reflexionar, para inspirarte, para hacer un post, escribir un poema, empezar un libro, enamorar una muchacha, compartir un beso, en fin, solo les digo hagan como vengo haciendo yo desde hace mucho rato, como hacen los fotógrafos y como yo, los aspirante a, en serio, vale la pena, deténganse un ratito y miren, quien sabe lo que puedan encontrar.

Continuar dejando

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“La brevedad es una desgraciada cuando visitas lo desconocido”

En estas últimas semanas he sido asiduo a visitar diferentes pueblos de nuestra hermosa isla, y de conocer brevemente personas muy simpáticas y uno que otro localcito de ocio siempre, de vuelta a la capital, se queda el deseo de haberme quedado un momento de más.

El momento más terrible de un viaje es cuando te toca volver, y más si el viaje ha sido breve porque uno siente que se va cuando a penas le está cojiendo el piso al lugar.

A pesar de que estos viajes han sido netamente de trabajo, y que uno se pasa unas cuatro horas trancado en un salón cubriendo una asamblea, son esas dos o tres horitas que uno utiliza para disfrutar de lugares como Mao, Puerto Plata, Nagua, San Francisco, Esperanza, etc.

Me parece que la nostalgia que siento cuando regreso a la principal ciudad de los apagones es expresada por la foto que decora este post tomada desde un respiro en la parada Turey en la Cumbre.