Captando: Junot Díaz

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Y el figureo:

El culto de Junot Díaz

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“El autor, claramente influenciado por comics, videojuegos y novelas de ciencia ficción se ha convertido con “Drown” y “The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao” en un contemporáneo autor de culto.”

En la presentación de la traducción de su libro “The Brief and Wondrous Life os Oscar Wao” publicado por Alfaguara, arriba en el escenario todo el mundo andaba estresado, menos el autor que con audacia encantaba al público con su jerga y español imperfecto.

El creador de Oscar Wao, narraba respondiendo a las preguntas un tanto rebuscadas y mal presentadas por su entrevistador Frank Báez, que como en una noche de bonche un amigo mexicano (más creído que otra cosa) se refirió al autor norteamericano Oscar Wilde por Oscar Wao y de allí en una noche de alcohol y mierda el personaje comenzaba a nacer.

Conociendo a Junot se entendía, en una sociedad como está, porque los organizadores andaban un poquito estresados, bastaba ver como la representante de Alfaguara daba pequeños brinquitos cuando el autor de “Drown” saltaba con una malapalabra, y más cuando, en frente de toda la audiencia, le dijo: “agarra el mic y léelo que hay que trabajar ”.

Las cosas de Junot no se quedaban ahí, fue bastante gracioso ver como le costó trabajo encontrar una frase para referirse al trabajo que pasó haciendo esa “mierda” (refiriéndose a su libro que en ese momento se presentaba) y como en una ocasión, buscando las palabras correctas en su cabeza replicó: “coño, tengo que dejar de fumar” (no se refería a cigarrillos eso te lo aseguro).

El punto clave del encuentro con el tan aclamado autor (ahora) fue cuando en un momento Frank Báez hacia alusión a partes finales del libro, yo y Ariel gritamos “Spoiler” “Spolier Alert!” solo para verlo muerto de risa y decir “coño hay aparecieron los nerds”. Nos encontrábamos en el suelo sentado junto frente a él.

Las historias cortas de “Drown” son su más estudio autopersonal. De “Drown” dijo que cuando lo veía lo ponía triste para de una vez rematar con: “coño esa es la vaina de los dominicanos, que somos unos desgraciados” cuando una joven se levantó y le enseño la portada de su primer libro.

Y ya en “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao”, Junot explota todas esas influencias que tuvo y más. La más clara, vista en todos los comics e historia de superhéroes, el hecho de que una persona tenga un total opuesto, y esa es la vida de Oscar, un gordo aficionado de anime, ciencia ficción y comics, a Junior su compañero de universidad, un mujeriego empedernido.

Antes de comenzar la firma de libros, Junot explicó que le tomó siete años escribir “The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao” y que para esto tuvo que leer muchos libros sobre Trujillo, tema muy presente en su novela, y también muchos libros malos porque según él, si leía un libro bueno lo deprimía y no iba a querer leer más.

Para cerrar, Junot firmó todos los libros de la audiencia. A mi me da lo mismo una firma en un libro, todo lo contrario, los que me conocen saben que odio que me escriban en los libros, creo que solo una persona ha podido escribir en las páginas de mis libros para dedicarlo o para saber que ella pasó por ahí, pero imagínate, ya ella hasta con descaro lo hace en ocasiones. Empero, en realidad lo que buscaba era mi foto.

Luego de un brevísimo comentario sobre su novela que el pareció apreciar, nos quedamos observando el gentío que buscaba una firma. Y yo allí, de camarógrafo auxiliar viendo que no faltó nadie siquiera los trascendentes paracaidista, uno de ellos, que ya Junot recogiendo lo hizo perder la paciencia; cuantas malapalabras juntas en inglés.

“Drown” y “The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao” para mí son obras maestras de un autor que se mantiene muy real en estos tiempos que el éxito perjudica hasta el más humilde; a él, el éxito le duró tres semanas, siendo como el dice una persona “Glooming” (nostalgia, depresión) ya al final de esas tres semanas se estaba maldiciendo así mismo y volviendo al punto de encerramiento total.

Esperando leer lo que viene, exploraré las páginas traducidas en la edición de Alfaguara de portada increíble (congrats Nefi) y seguire releyendo “Drown” hasta literalmente ahogarme.

Testigo de uno mismo

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“Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites.”


Son incontables las veces que utilice este verso a los oídos de una colegiala cuando me encontraba cursando el bachiller, así como muchos declaraba que esas palabras de Benedetti eran todas mías, y nunca tuve la mala suerte de que me descubrieran.

Si bien vale decir, que más que Neruda o que Bécquer, Benedetti ha sido utilizado para cortejar a mucho más damas, la sociedad latinoamericana es prueba de ellos, y todavía en este nuevo siglo, el escritor uruguayo puede ser cómplices de nuestras travesuras amorosas.

Sin embargo, el Mario de la mirada nostálgica y a la vez divertida, no es solo un escritor de pasados o futuros amores, el pesar de una vida extensa se sienten en sus versos, en sus historias, sus buzones de tiempo, sus andamios, borras de café.


“Siempre me entristecen los adioses
asi fueran de santos o de crápulas
alguna vez yo los abandonaba
otras veces me abandonaban ellos
en pleno corazón tengo un catálogo
de lo que allí pasaron una noche
de los que hicieron cola de aburridos
de los que en el amor se conmovieron
las despedidas saben a burbujas
que apenas duran ¡sólo las usamos
como una desazón efervescente
que emigra con los pajaros que emigran

que pena! de las manos que he adiestrado
sólo una sabe decir adiós
y me presta su ayuda si me alejo
de tus ojos tus pechos y tus labios.”


Su último libro, “Testigo de uno mismo” viene a acoger una añoranza que sufre el escritor por la pérdida de Luz López, su compañera de vida, que hace ya un año dejo de existir. Bendetti, en mi sondeo relecturas, es uno de esos autores, al igual que Millás, Borges, que cualquier noche puedo decir, hoy quiero leer un corto de cualquiera de ellos, y entre música y una habitación desolada envolverme en el mundo que ellos saben mostrar. Pero en esto Benedetti es el profesional.

Los repasos de Buzón de Tiempo, Despistes y Franquezas, Insomnio y Duermevelas, son obligados una que otra noche. Y es qué Mario es el acompañante predilecto andes de regocijo o de nostalgia, el tiene algo para cada cosa.


“Qué podré abrir con esta llave/ el alma de un atávico indigente/ el portón enrejado de una empresa/ el corazón de una mujer insomne/ (...) podré con esta llave entrar en los amores del crepúsculo/ Ojalá amemos sin bochorno/ Ojalá amemos/ Ojalá/”


Y para terminar, parafraseando la nota de la puesta en circulación de su último libro por la BBC. La tristeza es evidente en un autor que ha estado aquejado por la salud en el último año y ese pesar que le dificulta evocar sus propios versos sin de vez en cuando solicitar una bocanada de aire le dan ese toque de tristeza extrema que encierra uno de sus últimos versos:


“Yo quisiera mirarte/ conocerte/ como te conocí cuando vivías/ y me mirabas con miradas mías/ y yo gozaba de mi buena suerte/ (...) A esta altura es muy poco lo que espero/ Pero prosigo con tu muerte a cuestas/.”

Sin título

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The trouble with love is, It can tear you up inside, Make your heart believe a lie, It's stronger than your pride


De vuelta a resguardarme en comedias románticas, canciones castradoras y versos impublicados.

"En una mano llevo la nostalgia,
en otra mano llevo la soledad,
y asi de sencillo
he agotado las posibilidades de tocarte".

uno de los tantos fragmentos de mis cuadernos


"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió"
Con la frente marchita - Joaquin Sabina

Reflexión

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"It strikes me with great force how we, mean and women, can easily hook-up but not exactly with the person that we really want".

"Me choca de una manera muy fuerte como nosotros, hombres y mujeres, podemos "ligar" tan fácilmente pero no exactamente con las personas que realmente queremos".

Unas “Vidas” de Guerra

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Nunca un cielo plagado de lágrimas había sido un anunciador de lo que sería la noche en la vida de este bohemio.

Luego que el cielo gris cesara su casi eterno llanto, todos los caminos dirigían al Teatro Nacional a presenciar uno de los más grandes cantautores de nuestra época, Pedro Guerra.

Javier Celado, junto a dos excelentes guitarristas, Fernando Capeans y Karel Kalaf, dieron inicio a una magnifica noche de poesías cantadas y sentimientos encontrados, para luego presenciar, como si entrara al cuarto de su casa, a la banda y al dueño de la noche, guitarra en mano, adornados todos de Converse “Chuck Taylors” verdes, entonando “Humo” para el deleite de un público que se entrego desde las primeras melodías que provinieron de cada instrumento.

Desde la fila K, costado izquierdo, presenciaba como, después de un saludo cordial y sencillo, paseaba Guerra por “Quisiera saber” y “Siete puertas” para luego presentar a su pianista, un maestro en lo que a mi respeta.

El quebranto avisaba dentro de mí pero no se hacía sentir a flor de piel. Pero eso duró poco, la cuarta canción “Gente sola” ya hacía de mí lo que aquí conocemos una mierda de hombre.

Era encantador ver como, con su cara de eterno niño a pesar de sus 42 años, bromeaba con suma tranquilidad sobre los conflictos de la adolescencia y los deseos de su hija de 14 años de perforarse “alguna” parte del cuerpo dieron pasos a la canción de su último disco “Lara” dedicada a esa esencia libre homónima que es su hija.

Pedro comenzaba a entrar en su zona, y yo sentía que moría cada vez más desde mi asiento (todo esto a causa de una historia alterna que alberga mi mascota de pinceladas prohibidas) y cayeron “El marido de la peluquera”, “Se enamoro de un rio” y “Debajo del puente”.

Luego de “Raiz”, el maestro reveló la razón de la canción 5,000 años, canción inspirada por el descubrimiento de dos esqueletos abrazados encontrados bajo tierra que datan exactamente más de 5,000 años. Una historia de amor que no hacía más que devastarme un poco más.

Empero, no era la intención de Pedro dejarnos descansar, un torrente llegó con “Quiere”, “El aire en que no estas”, “Deseo”, “Pasa” (una canción que podría ser tomada como crítica al lugar donde se presenció este majestuoso concierto) “Niño”, “Jamás” y “Contra el poder”.

Luego, como si fuera algo que se hubiese ensañado con la compra de la taquilla, el cantante español entonó “Miedo”, “miedo que da miedo del miedo que da” era entonado a lo largo del teatro como si fuéramos coristas de la banda del cantante canario.

Era hora de “cerrar” el concierto, y que mejor canción que “Contamíname” (que hace rato la venía pidiendo) para otorgarle la primera despedida.

Volvió con más brío, ya a mi no me quedaban fuerzas, y arremetió con “Corazón enfadado” y “Otra forma de sentir” para volver a marcharse a la parte trasera del escenario.

¿Volverá? Pues si, regreso con un tercer aire, solicitando ayuda al público porque la letra de la canción que vendría no la tenía a mano, y era una solicitud que venían haciéndole, complació con “Dibujos animados” y yo pensando en mi posible “Luz, mi corazón, mi pajarita, mi crayon”.
“Daniela” pedida a coro por el teatro comenzaba a concluir una noche mágica que el decidió despedir con la canción dedicada a su nuevo hijo, y así, “Cuando Pedro llegó” nos dejo en la boca deseos y sentimientos que un bohemio y solitario como yo tenía que compartir con un trago.

Pedro: me quedaste debiendo “Niña” y “Madurar el amor” pero no creo que las casi treinta canciones (27 en total) puedan ser igualadas.

Yo solo sé que ando extasiado y destruido, y espero que cuando consiga mis Converse verdes se me pase, aunque sea un chin.

Captando: Tragos en La Moviola

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"Margarita"

"Infrarrojo"

"Cóctel Moviola"

"Piña Colada"

Una conversación entre genios

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En un lugar repleto de personas, un lugar que pareciera un mundo aparte con todos sus habitantes aglomerados mirando fijamente a un solo punto, dos personajes se encontraron y salieron de la rutina de observar un punto para hablar de varios.

- Hey ¿Qué hay papá, que se mueve?
- Nada, aquí tranquilo viendo a estos tigueres en sus vainas ¿qué de ti?
- No tu sabe aquí representando, chequeando bien a ver a quien le doy lo cuarto.
- Verdaderamente, explícame esa vaina, y to´eso cuarto tan en necesidad están.
- Si ombe, es para ver si se inspiran, tu sabe, como no le damos mucho calor a esa vaina, tu sabe que lo de nosotros es el figureo, le damos ese incentivo, lo que me preocupa es que después terminan matando a alguien para llevárselo. Pero ¿y tu? A mi no me cuestione con lo cuarto, cuando es que tu va a saca esa gente de allá.
- En par de año, déjalo que cojan sol, además seguro el que viene ahora le da con sácalo, tu sabe hay que dejarle el lío al otro.
- Bueno yo espero que el uno de allá me deje, porque seguimos tu sabe esa vaina verdad.
- Coño si, ustedes tienen suerte, y la vaina es que seguro se tiran par de período más, yo supuestamente ya después de este no puedo, pero nada para adelante.
- Mira vamos a tiranos una foto ahora, que ahorita andamos borracho y cuereando los dos y se nos olvida, tu sabe que el figureo no se puede dejar.
- Si coño, tenemos que hablar de par de estrategia tu sabe, voy a ver si pasó por allá hoy, ¿tu no trajiste una mamajuana?
- No ombe, salí huyendo para acá antes de que se me pegaran muchos lambones.
- Po´na tiguere foto y vamos a seguir viendo dique esta vaina, que supuestamente hay uno del lao mío que va arroyar.
- Yo espero que a lo mío ni se les ocurra dar una sorpresa para yo no tener que da eso cuarto, tu viste que ni la pelota ni el básquetbol trajimo.
- Tú si eres fuerte, pero es verdad, ahora préstame par de esos que después lo reponemos que hay que hacer un negocio allí.
- Nitido, no hay problema.

"Digan ¡CHIS!. TMM."

La noche de Alberto Cortez

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Fue hace ya más de una década, cuando ha comienzos de mi adolescencia visite junto a mi familia la sala principal del Teatro Nacional para presenciar uno de los mejores conciertos de mi vida.

Cortezias y Cabralidades unía la ejemplar voz de Alberto Cortez y la bohémica presencia trovadora de Facundo Cabral en un encuentro inolvidable.

Fue desde el momento en que los últimos aplausos llenaron la sala que comencé a desesperarme por ver la ocasión en que estos dos andantes volvieran a deleitarme. La oportunidad no llegó porque luego de ese momento Cortez nos visito en solitario.

Fue hace varios años atrás, que Cortez volvió a nuestras tierras y yo tonto y perezoso vi como mi hermano se vestía para junto a su novia presenciar a uno de los mejores exponentes de la música. Otro momento en el que desespere y me prometí no perdérmelo en otra ocasión.

Y así llegó julio de 2008 y a finales del mismo, un Cortez mucho más viejo pero igual de vivo, acompañado de un piano y de un micrófono en mano (aunque pudiera haberlo hecho a capella, que me cuentan lo hizo).

Ese día, sin esperanza alguna de poder visitar la Sala Principal para presenciar a Cortez, una amiga (inculta por cierto) quería regalarme unas taquillas para “una vaina ahí”, esa vaina era el concierto del querido Alberto, entonces pensé debo moverme.

La única persona que me acompañaría estaba curándose de un par de males que la aquejaron en ese momento, “si la llamo aceptará ir conmigo con tan corto aviso, tiene que hacerlo es mi única compañera para estos conciertos”, “por fin podré vengar aquel concierto al que fue mi hermano y yo me quede en casa”.

Pero no sería así, aquella dama (la belleza denominada inculta por como se dirigió a Cortez) había llamado a una compañera para preguntarle mi número, lo único fue que llamó a la única compañera de trabajo con la cual comparto varios gustos y ella ni tonta ni perezosa le dijo: “que lo que tu le va a dar a Orlando, dame las taquillas a mí”.

Y así inocente de lo que había pasado, y de lo que pudo haber pasado, me llegó la historia el lunes siguiente de una ciudadana que no se aguantaba darme envidia.

Dicen que la tercera es la vencida, entonces Cortez ¿harás otra cita? Y usted Facundo ¿Qué cuentas?

Escribir para los pequeños

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A estas alturas captar la atención de los pequeños no es cosa fácil. En un mundo donde los pequeñines crecen queriendo crecer más rápido de la cuenta, una novela que capture sus ojos parece una utopía.

Yo, como fiel fanático de la editora de SM para libros infantiles “El Barco de Vapor” creo poder crear una historia que atraiga un gran número de niños a leerla pero de repente el brío de la infancia dominicana choca con mis ideas y me hace preguntar: ¿será posible elaborar dicha historia?

Sentado en el suelo junto a un mar de niños, los oía corear las bachatas y los reguetones, canciones con letras no muy aptas para ellos, y pensé si historias maravillosas o anécdotas simples pero encantadoras como esas que llenaban mis ojos pertenecientes a la “Serie Naranja” lograran ese mismo efectos con los muchachos de ahora.

Porque son esos niños, los que están supuestos a no leer más allá de la “Serie Azul” que es a partir de los siete años, y que todavía no pueden leer la “Serie Naranja” que es a partir de los nueve años, los que coreaban esas canciones a mis espaldas y me decían: “A mi no me vengas con historias de campamentos y amigos imaginarios que yo no cojo esa”. Al voltear mi cabeza me di cuenta que estaba perdiendo la cordura.

Son ellos los que han decidido no imaginar, y escribir para niños sin imaginación (que frase tan fúnebre) es escribir simplemente para el goce propio y del de aquellos que anhelaron en algún momento de su adultez no haber crecido nunca (culpable).

Entonces aquí me quedo, tratando de crear un Capitán Garrapata o un Maese Zamaor para una infancia de mi país que tal vez lo aborrezca o de repente, en algún rinconcito, un pequeño cruce unas páginas de un libro vestido de blanco, azul, naranja o rojo, que tenga mi firma en la portada y me de el permiso que hace tanto busco de contar historias increíbles, de esas que me permitían contar cuando niño.

No hace tanto tiempo de eso, pero se asemeja a una eternidad transcurrida. ¡Qué vuelen las historias increíbles, puesto que las necesitamos hoy más que nunca!