Crimen pasional

0 comentarios

El sol se nos venía encima cuando me aventuraba a tomar un carro público. La calle era un campo de batalla, el sábado por la mañana acababa de convertirse en un lunes por la tarde, todos te miraban mal y la temperatura desafiaba cualquier bañado.

Dentro del representante del transporte público que me tocó, el chofer ya peleaba porque yo apenas era el segundo pasajero que ocupaba su “amplío” vehículo. Mi colega estaba sentado al frente, de franelita blanca y jeans roto, bromeaba con el chofer sobre la desdicha que le ha tocado vivir con dos malagredicas [sus palabras] a la que él mantiene “eso maldito celo me tiene jarto papa” le dice al chófer mientras yo solo sonrío [por vergüenza, no dándole la razón] – “verdad que sí montro” se voltea extendiendome la mano, yo por cordial le respondí el saludo.

Luego de varios intentos por recoger uno que otro pasajero, el chófer, visiblemente molesto por el parloteo de su copiloto, se prepara a recoger a dos chicas que desde la distancia le hacen señas para que se pare.

- “Diablo par de chula vamo a llevarla paonde utede quieran” – grita el otro pasajero un poco antes de que el chofer detuviera la marcha.

Dos chicas, una con uno de esos enterisos interesantes de blanco y otra en jeans cortos y blusa rosada parecen arrepentirse de haber solicitado el carro. Tal vez pensaron: tres hombres [uno de ellos ya acaba de gritar una obscenidad] y dos mujeres, de aquí salimos violadas seguro. Ambas se alejaron un poco de donde el carro se detuvo y la de blanco con el dedo le dio la negativa al carro público.

Desde ese momento, el copiloto pasajero [que dijo que iba Parque, la última parada de esta ruta de transporte] fue víctima de un ataque verbal de odio por parte del chofer que le replicaba el haberle hecho perder dos potenciales pasajeras.

Yo, al poco rato de dicho suceso, decidí quedarme antes de mi destino para no seguir escuchando tal discusión.

A la mañana siguiente el periódico anunciaba de un hombre de algunos 30 años fue desgollado en el interior de un carro público; yo cerré el periódico inmediatamente por sentirme complice o testigo de algo, ya casi esperaba que la policía entrara a mi oficina en cualquier momento.

Al transcurrir el día las mujeres hablaban de una indecisión de los hombres por las mujeres, según lo que decían el periódico hablaba de un conflicto entre estas dos personas, por dos mujeres. No se quién quedó vivo, no sé cual versión fue la que finalmente escuchó el periódico, yo todavía tengo miedo de montarme en un carro público y que el pasajero o el chofer [cual de los dos que este vivo] me apunte con el dedo desde uno de los asientos de enfrente o peor aún, que por arte de magia, la policía me reconozca como “complice” de un crimen pasional.

Una imagen vale mil palabras: Brief Encounter

0 comentarios

¿Qué pasa si la despedida de un gran amor es solo una mano sobre tu hombre? ¿Podrías sobrevivir el tiempo necesario para olvidarlo?

Laura Jesson siente dolor, agonía, desesperación. Esa mano en su hombre puede significar su vida, su ser más querido, lo mejor que le ha ocurrido en su vida y sin embargo es solo esa mano sobre su hombro la que le dice: “te amo”, “te extraño”, “nunca te olvidaré”.



Todos duermen

0 comentarios

Todos duermen
menos mi espalda
eterna herencia de mi viejo
queja cascarrabia desde mi infancia

Todos duermen
menos mis rodillas
cambiadas desde chico
para doblarme la edad y la estatura

Todos duermen
menos las cámaras, las luces y la acción
las únicas que gritan en la solitaria madrugada
de hoy días de lluvia
de siempre calderas insoportables

Todos duermen menos la canción
la que me hace recordar
la que nunca deja de sonar

Todos duermen hasta el sol
ese que se oculta por momentos
ese que quema nuestra piel

Todos duermen desde aquí
el abanico que se va con la electricidad
la comodidad que deja de existir
la soledad que nunca se va

Todos duermen
desde la tranquilidad de la ocuridad
desde el vacio de una botella
desde la vida que tanto tropieza

Todos duermen... menos yo.

Oda a la nostalgia

0 comentarios
El sentimiento de desear haber vivido en otros tiempos o incluso desear que el pasado propio vuelva de alguna forma mágica de la noche a la mañana no es algo nuevo, el hecho de tener que lidiar con el presente día a día hace que nos aburramos de él con facilidad y lo comparemos con las cosas que ya no existen, mitificando de alguna forma ese tiempo ya vivido o en la mayoría de los casos, el que no tuvimos la oportunidad de vivir.

En compañia siempre de una copa de Pernod o cualquier vino francés a su alcance económico, Ernest Hemingway también cargaba con un Moleskine [una mascotita en donde llevaba cada uno de sus pensamientos y vivencias, una especie de diario] y algo con escribir mientras en las calles de París, en la década de 1920, compartía la expatriación de colegas estadounidenses en busca de inspiración e ideas frescas.

Todo aquél que se haya interesado un poco por la literatura y el deseo de escribir, París justo en esa década debe ser el espacio del tiempo soñado para estar y es donde Gil Pender, el nuevo alter ego de Woody Allen personificado por Owen Wilson, desea vivir para convertirse en un gran novelista y dejar atrás su paso de fiasco como guionista de Hollywood [aunque remunerado económicamente].

“Midnight in Paris” es todo lo que Hemingway expresaba en sus memorias sobre París que tres años después de su muerte fueron denominadas “A Moveable Feast” y que Allen utiliza cómo su paseo más nostálgico desde “Radio Days”.

Las declaraciones iniciales de Gil, sin nisiquiera verlo, nos explica de inmediato el personaje. Gil aparenta estar harto de donde vive y de lo que hace, tiene la oportunidad de vivir lo que más le gusta y solo tiene algo que lo detiene en frente a él, su esposa que en el primer cuadro de la película que aparece le dice: “estas enamorado de una ilusión” y el responde “estoy enamorado de ti”.

Gil trata de huir de su vida hollywoodense, su estado de guiones sin esencia y [aunque aún no lo sabemos] de su “preeettyyy seexyyy” prometida porque son las cosas que le recuerdan de lo cliché que se ha convertido y de como ha llegado a ser algo que desde su primer viaje a los 1920 sabemos con claridad no quería ser. Gil Pender es un personaje completo que ante nuestros ojos deja de creer en dos ilusiones que lo tenían preso. E ahí las dos fuerzas claves de una película de Woody Allen, personajes y trama.

Desde su montaje inicial [un intento de emular el majestuoso montaje de “Manhattan”] Allen revela que fuera de su natal New York es París que lleva un lejano pero importante segundo lugar. Todo el París de Allen es mágico, no solo el que presenta en los años [19]20 sino también el actual, fotografíada con una especia de brillo y limpieza que hace que la ciudad de las luces sea el lugar predilecto para ir no importa cual sea tu excusa de escapar. Empero, Allen no solo hace esto para embellecerte una ciudad que a él particularmente le gusta sino porque le da sentido a la resolución de su personaje; Gil necesita amar tanto el París actual como el París de Hemingway y Fitzgerald porque solo de esa forma puede aceptar dejar atrás esa parte de su ilusión claro que también influye que la chica que le atrae de principios del siglo pasado, Adriana, está igual de inconforme que él con el tiempo en el que vive a pesar de haber estado en una relación amorosa con las mentes más brillantes de las artes plásticas. “Wow you take art groupie to a whole another level” responde Gil Pender para el chiste de la década.

“Midnight in Paris” no se acerca por mucho a “The Purple Rose of Cairo” o a “Radio Days”, tal vez la edad ha hecho a Woody Allen más complaciente de la cuenta, lo ha hecho creer en lo que en toda su vida ha rechazado: los finales felices pero está es una entrega que se le notó cómo dejo volar su imaginación, lo divertido seguro que fue para él expresar su sentir de ese mundo maravilloso del que Hemingway duró toda su vida vanagloriandose, del amor de Scott por Zelda, de la genialidad de Gertrude Stein. Esta, su película número 41, es un festín en donde Allen toma de todas sus películas: todo lo que sucede con el pseudo intelectual Paul [Michael Sheen] es básicamente sacado de la escena de “Annie Hall” cuando Alvy Singer y Annie Hall esperan en la fila para ver la última película de Ingmar Bergman.

Allen no explica cómo Gil, a través de un taxi, se transporta de 2010 a 1920 y no necesita hacerlo tampoco, al igual cómo tampoco explica si es real o no lo que le sucede a su personaje. “Midnight in Paris” es mágica porque sí y es unade las mejores películas del autor neoyorquino en mucho tiempo; una de las mejores del año.