BBQ Bohemio

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Bohemio: inconformista, libre y no convencional.

¿A qué te refieres con un BBQ Bohemio? ¿hay guitarra? – preguntaba un curioso. De tó – respondí – allá se baila, se jadea la cabeza, se bebe, se fuma, en fin, cualquier vaina pasa.

Si nunca has asistido a un “BBQ Bohemio” en la 17-A del 7 ½ de la Sánchez, déjame hacerte participe de lo que se puede esperar.

En dichos BBQ han pasado sin números de cosa, desde las clásicas: “!dejaste quemar la carne!”, “!Emergencia, se acabo el romo!” o “no prenda esa vaina aquí” (que puede funcionar como ustedes quieran) dentro de los confines de la 17-A se han dado los siguientes casos:

  • Fiesta temáticas donde predominan el Rock, bailable, Trova, cantautores y la convergencia de todos estos ritmos que ha muchos podría causarles una embolia.
  • Pleitos, tanto entre hombres como entre mujeres, y mixtos.
  • Se ha combinado el BBQ con una lasaña hecha en casa o una empaguetada.
  • Gente han sido, literalmente botadas por infringir las leyes de un coro Bohemio.

Es tanto así que hasta un aguinaldo ha pasado por uno de los BBQ Bohemios y ha sido celebrado en la playa en donde en una ocasión fue testigo de una desgracia.

Le susodicho bohemio ha servido para innumerables tertulias, cortejos sorpresas, sustos de por vida (¡va explotá esa vaina!) y camas encendidas (carita guiñando el ojo).

Lo que si hay que tener claro es que a un BBQ Bohemio no se va hacer drama, allí se pierde la vergüenza y se olvidan los malestares. Sin embargo, hay dos cosas claves que no se pueden olvidar cuando se dirijan a uno de estos.

Primero: al cocinero (y sus ocasionales sustitutos) no se molesta.

Y segundo: nunca debe olvidarse lo que bebe el cocinero y anfitrión por si acaso tienen las dudas de ¿qué llevo?

Día: Viernes 28
Lugar: Primera 17-A, Procasa; 7 1/2 carr. Sánchez
Hora: a partir de las 6:00 p.m.
Es de Traje, el que no lleva se queda afuera

Entre Benedetti y copas de vino

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Tomando en cuenta el comentario que me dejara Argénida en el post “Testigo de uno mismo” donde decía: “Qué seria del mundo sin èl! Magnifico, simplemente”; el mini homenaje realizado a Benedetti por unos cuantos bohemios se caía por si solo de la mata.

Por lógica, la premisa del homenaje era una locura. Un día tan caluroso, con amenaza de lluvia, en una casa famosa por tener complejo de horno y encima de eso que lo hiciéramos con vino, había que andar mal de la cabeza, pero al final del día, se dio y se dio a más; no andábamos muy cuerdos después de todo.

La verdad, nos tomó unas horas y varias botellas de vino comenzar el despliegue de palabras Beneditteadas (si me permiten el término) pero una vez que comenzamos, nos peleábamos el derecho a la palabra como horas antes batallábamos por un bocado de picadera.

Como era de esperarse, comenzó “El amor, las mujeres y la vida” (el más visitado de la noche) navegándose en versos que concluidos uno detrás de otro eran amenizados por entonaciones musicales, todas “acordes” al Benedetti leído, que le dieron un toque peculiar y gracioso a la noche bohemia.

Para no sucumbir 
ante la tentanción 
del precipio 
el mejor tratamiento 
es el fornicio

Con Benedetti la noche sirvió para destapar culpas ajenas, declaraciones, anécdotas, deseos encontrados y demás discusiones que propiciaba el ánimo dejado por un concierto de Jorge Drexler semi-ignorado. Entonces caían de “Canciones del que no canta” y “El mundo que respiro”.

De joven eres fuerte en grupo; de viejo, en soledad” 

el mundo que respiro

tiene quejas de mártires

mensajes de suicidas

explosiones de júbilo

y no obstante no obstante

vivo porque respiro”

Sin darnos cuenta, un poco de auto convencimiento cómplice, caía la tan variada “raza” de vinos tintos, que hacían a algunos “sufrir” más que otros. Y llegaban “El porvenir de mi pasado” y partes de “Insomnios y duermevelas” incrustados gracias al “copy-paste” en un documento de Word. 

En un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también

 

Que te quede bien claro

donde acaba tu boca

ahí empieza la mía!

La noche, la exquisita y larga noche, cerró en narrativa; la carta de Alicia a Miguel, una joya de su primera novela “¿Quién de nosotros?” de 1953 provocó euforia dentro de la audiencia. “Triángulo Isósceles” siguió la narrativa que llegaba su final y en un momento final de narración el poco visitado “Buzón de tiempo” cerró la noche con su “Asalto en la noche”.

“En su botín de la noche, ¿no le interesa mi camisón?”

Luego de que los que andaban de pie se marcharán y se discutiera que animal se mataría para cocinarlo entre los pocos que quedaban, la noche termino muriendo “a la mexicana” entre tertulia de cine y una música que sonaba a lo fondo recordando todas las canciones ignoradas de la tarde y que son indispensable en cualquier “cateo” de vino se declame o no la obra de un grande.

Adiós a uno de los más grande

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«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (...) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas,
este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano
horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (...)».


Después de una larga batalla con la enfermedad, Benedetti se despide de nosotros y nos deja envuelto con todas sus letras que tanto utilizamos como armas en cuestiones del amor, cuestiones de nostalgia y en todas las noches bohemias.

Ese rostro de una angustia larga y de una felicidad escondida, ese de caricatura real, de intelecto sin igual, deja un legado muy difícil de igualar. A Benedetti le debo mucho, mis arranques poéticos de vez en cuando, el compartir mi deseo cuando me enamoro, cuando me ataca el desamor, en fin, Benedetti estuvo y estará en cada fracción de nuestro ser.

A usted maestro, no le digo adiós, sino: hasta luego.

"Paso que pasa

rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
después y sólo
solo y después
seguro que me olvido.
"

http://www.elmundo.es/especiales/2009/05/cultura/benedetti/album/index.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura/poeta/compromiso/elpepucul/20090517elpepucul_6/Tes

Yo, Ofiuco

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Ya hace un año y algo, quizás más, me he dado cuenta de la aparición de un nuevo signo Zodiacal dentro de la astrología y que es precisamente a ese 13avo signo al que realmente pertenezco.

Yo no he sido muy fanático de la astrología, pero uno llega a cojerle el gustito a su signo, a decir orgullosamente esto o lo otro y aunque el panita del caballo y el arco y flecha ese era mi signo y yo lo defendía.

"Aioros. Caballero Dorado de Sagitario"

Como fiel fanático de “Los Caballeros del Zodiaco” fue un placer para mí, saber que el caballero de Sagitario era uno de los más fuertes y que su armadura dorada vestiría al protagonista de la serie, un personaje que no me llamaba mucho la atención, en una que otra ocasión.

Pero el signo de Ofiuco es super interesante, el “portador de la serpiente”, ese hecho tiene un “je ne se qua” que me seduce y el encontrar que han diseñado un caballero de oro de mi nuevo signo me causo euforia. 

"Caballero Dorado de Ofiuco"

Para más información sobre el Ofiuco favor comunicarse con “the almighty wiki”.

Noches en vela (II)

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Aprieta morena que llegue! – gritaba el moreno a todo pulmón mientras tocaba la puerta de su casa – dale rápido que quiero baño, esto tá que prende.

La morena, asueñada todavía abre la puerta e intenta besar al moreno.

- Moreno ¿y que bajo es que tu trae?
- Me fui a trabajar en la noche pa la pecadería del Cojo y mira lo que me dio – el moreno le enseña una funda llena de mariscos.
- Coño moreno, tu crees que con esto resolvemos.
- Morena, esa vaina hace magia, eso cosa de rico, ahí hay Lambí, Camarones, Pulpo y hasta dique Caviar, tu sabe que el cojo priva en come mierda ahora.
- Si pero moreno vete a quita to ese bajo en lo que yo resuelvo esto en la cocina.

Antes de meterse en el baño, el moreno le roba un minuto a la morena para apartar par de vino tinto en la bodega fiao.

La morena sale a la calle para comprar lo necesario para la cena con moreno, anda contenta y brillosa por la calle del pueblo.

- Coño morena, ayer parece que dio lo tuyo – le pregunta una vecina.
- No ombe muchacha, pero hoy van a tene que llamar los bomberos – responde la morena a mucho orgullo.
- Morena!!! recuerda que todavía andamos por aquí cualquier vaina – le dice uno de lo tiguere que pasa briciao en un motor.
- Mire coño!! eto es de un solo negro azaroso! – grita la morena sin sentido.

Por su parte, el moreno se va a jugar dominó con lo tiguere mientras va hablando solo:

- No me falle hoy, que la morena y yo tamo en neceidad, ponte pa tu vaina que ya ta bueno.
- Moreno, te tiene loco la situación que ta hablando solo, ven a rajarte aquí que te vuá partí en eta mano de dominó. – le grita uno de sus amigos.
- Mire coño, ete el día mío, e má vamonos con los chelitos que pedí una vaina fía donde Joselo pero lo vuá pagar atento a ti. – responde con autoridad.
- Valor moreno, tu sabe que tu tiene un fukú, no forcé pa depue yo tene la culpa.
- Arrimese mi hermano, que la capicua van a caer a dos manos.

La morena llega temprano a la casa para hacer su mariscada y ponerse linda, hace par de días que no ve al negro desde que salió con el cojo porque le ofreció pagarle en dólares y el moreno ni titubeo.

- Viste coño! que te dije que lo tuyo iba! – grita el moreno en señal de victoria – ahora dame lo pesito eso que lo necesito, que el maldito cojo no me ha pagao.

El moreno fue donde Joselo en la bodega, le pidió las dos botellas de vino tinto y le dijo que le limpiera la cuenta:

- Oh moreno ¿y así es que tu estas? El cojo te ta tratando bien – dijo Joselo.
- Qué va, no lo ví ayer y no me ha pagao, esto cuarto se lo tumbe en dominó al sucio de Danilo que quería móntame cotorra.
- Toma moreno, y dale suave pa´la próxima que tu sabe que la morena no ta por aguantar mucha vaina, y más después de aquel problemita.
- Hey compadre, no se pase pa no tene problema aquí.
- Suave moreno, e diciendo na má, es má llevale esse dulcito a la morena también pal potre.
- Me lo vua llevar, pero el potre eta noche soy yo – ambos ríen mientras el moreno sale de la bodega.

En la casa, el sazón de la mariscada llena desde la galería hasta el patio de atrás y los vecinos hace rato que están velando y pidiendo que le saquen lo suyo para mañana.

- Mejor será que cierren la ventana esta noche – grita feliz la morena.

Después de la cena y botella y media de vino, al moreno le dio con baila bachata porque a él le dijeron que movía bien la situación para luego abalanzársele a la morena.

Por la segunda mañana, el moreno sin escrúpulos le metió la mano a la morena por el pantalón y la oyó gemir un chin. La morena comenzó a besar a su moreno hay mismo, a ritmo de bachata y en medio de la salita. – Vamos hacerlo aquí mismo – se le oyó decir suspirando – toy en eso morena – respondió el morena.

Después de un rato el moreno comenzó a cansarse de besar a su morena y le jalo los cabellos para morderle el cuello.

- Sigue ahí moreno – suspiraba la morena.

Al escuchar esto, el moreno se quilló y le rompió la blusa para agarrarle las tetas pero la morena explotó.

- Coño moreno! Así no que esta vaina es nueva – gritó molesta la morena
- Es que este maricón no quiere pararse y ya yo he hecho de todo – explicó el moreno.
- Y por eso tu tiene que romperme mi vaina, no joda tú, veteme de ahí que yo resuelvo eta vaina sola – le dijo la morena mientras estrellaba la puerta del cuarto.

El moreno, nueva vez derrotado, emprendió su camino al río con lo último que quedaba del vino para ahogar sus penas y al fin decidirse por consumir aquellas pastillas de potencia sexual que tanto había tratado de evitar.

Belerofonte y Quimera

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La historia de Belerofont y Quimera explica perfectamente lo de la condenada fiebre porcina o H326546246416465su maldita madre534684684, o como quieran llamarla.

Y si es imposible encontrar o no conocen la historia, un simple vistazo a “Misión Imposible II” servirá, en serio. También se pueden estudiar las relaciones entre héroes y villanos o ver “Unbreakable”, es una simple cuestión de encontrar el perfecto opuesto.

Uno para dominarlos a todos

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Si bien pareciera que fuera hablar de la obra principal de Tolkien en realidad me refiero aquel agraciado al que le pude poner las manos encima en la pasada Feria del Libro.

La verdad es que este año la situación era más tétrica y precaria que todas, de todas las formas que lo quieras poner, y por esto creo que partí con tal vez uno de los mejores libros (tomando la escala libro/precio que uno siempre busca en la Feria) que se podían encontrar: El ejercicio del criterio de Mario Benedetti.

Este año mi búsqueda era sencilla, con la cantidad de libros sin leer en casa solo me limite a pensar en las nuevas producciones de dos de mis escritores favoritos: Saramago y Benedetti. El de Saramago (El viaje del elefante) no estaba a precio de feria, por lo tanto terminé pidiéndolo por internet y el último de Benedetti (Testigo de uno mismo) no apareció, pero si me encontré con el recuento crítico del escritorio uruguayo a un encantador precio de RD$200.00.

Y es que la feria, cada año que pasa se va perdiendo, por ejemplo, en este año con un país tan cultural y literato como Brasil, no se podía encontrar nada del país suramericano (el exceso libro del tal Paolo Coehlo no cuentan ese reguero siempre está en todos los lados) y siendo homenajeado Juan Bosch daba vergüenza encontrar libros del escritor dominicano a precio abismales, recuerdo sostener un libro de cuentos de Bosch hermoso en mis manos pero al voltear casi lo dejo caer en el suelo de lo caro que andaba.

Yo recuerdo en 2005, la feria celebraba a Italia y a Aida Cartagena Portalatín. Lo del país invitado fue un fiasco, lo mismo de siempre, pero en cualquier caseta se podría encontrar un poemario de Portalatín en solo 100 pesos, que valían más que lo que valen ahora.

Ahora yo siempre disfruto y disfrutare de la Feria del Libro, lo poco que siga teniendo yo lo buscó y lo exprimo. Definitivamente el Pabellón Juvenil se la lució, un despliegue de poesía joven muy bueno, conversaciones de cine interesante, fue un lugar al que nunca pude dejar de ir durante los días que visite la Feria.

Empero, el broche de oro fue ver “La vida es otra cosa” una adaptación al teatro de Carlota Carretero de la novela homónima de Jeannette Miller. La obra, muy buena, hizo lo posible por hacerle juego al libro y la verdad es que, como obra de teatro, cumplió con el cometido de llevar el mensaje y entregar un producto de calidad.

En cada una de las ferias a las que he asistido e salido con una gran cantidad de libros, que todavía aparecen algunos que lloran por ser leídos, pero no me siento para nada mal con salir con este solo, está sola joya del trabajo de uno de los grandes escritores que en estos momentos se encuentra peleando con su vida. Fuerza Benedetti, aquí andamos contigo, y la feria vamos a ponernos en esto que se están cayendo, de todas formas yo estoy ahí todos los años.

La envidia de la pluma ajena

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"José Saramago y Pilar del Río"
En estos tiempos en donde el Internet, las redes sociales lo es todo y la comunicación es inmediata y frondosa la ricura escrita se encuentra por doquier, ya sea en la perspicacia de algunos en sus mensajes cortos en Facebook o Twitter a los escritos libres en los blogs o páginas personales.

Una de mis grandes mortificaciones diarias es pasear por “El Cuaderno de Saramago” (uno de mis escritores favoritos) y por los diferentes periodistas españoles, con los cuales me encuentro en un estilo de fetiche, y ver con su “indeleble pluma” arremata contra un tema de tal forma que luego del punto final uno se queda deseando más.

La razón de este post, es que precisamente por Saramago comencé a leer hace poco a Javier Ortiz y hoy, a través del blog del escritor portugués, me entero que el nativo de San Sebastián ha muerto y que tenía ya un tiempo sufriendo de una salud precaria.

Ortiz, al igual que Juan José Millás (que hoy también me entero es uno de los favoritos de Saramago, uno de los míos también), tiene una forma peculiar de escribir, directa y corta, sin muchos rodeos en solo unos cuantos párrafos te deja añorando por unas líneas más.

La genialidad de Ortiz no se detuvo en su cantidad de escritos y obras publicadas, en su mente pareció destinarse la idea de que era imposible que alguien que no fuera él hablara de su vida y su muerte la cerró con su propio obituario.

Mis escritos han recibido elogios, criticas negativas fuertes (por lo menos está última han sido muy pocas). Qué escribo demasiado, que se me pasan algunas faltas ortográficas, pero a fin de cuentas me siento feliz porque las personas que leen está bitácora han quedado encantada con la mayoría de mis escritos (modestia aparte).

Empero, es de mi más fuerte interés llegar a un estándar similar al de estos grandes, por eso me frustro cada día el hecho de haber estado en un periódico directamente (aunque si he hecho trabajos para ese tipo de medios) pero no desestimo la idea de entrar a una sala de redacción como un “platano verde” y comenzar desde cero.

Los dejo con el obituario de Javier Ortiz, que también puede ser encontrado en el blog de Saramgo:

OBITUARIO

Javier Ortiz, columnista


Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.

Así que en ésas estamos (bueno, él ya no). Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía -lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía-, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)

La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras -ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo-, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.

Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.

A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas -algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos-, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.

A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia -ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París-, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca -y sea, de hecho-, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.

Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander… Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación -y Mar, y Mediterranean Magazine- y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones… Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.

Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.

En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.

Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.

* * * * *

Vale destacar mi amor platónico por Pilar del Río, la traductora y pareja de Saramago, que todo tiene que ver con el hecho de que este escritor ocupe un lugar especial en mi vida y que de seguro tiene que ver mucho con lo que sale publicado en su blog.