Captando

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Al pie de uno de los peatonales del expreso V Centenario un vendedor ambulante se refugia del sol.


Ingmar Bergman

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La vida es una ininterrumpida e intermitente sucesión de problemas que sólo se agotan con la muerte.
Ingmar Bergman

El director sueco falleció a los 89 años en su natal suecia, dejando un ramillete de 53 películas para cine, un buen porcentaje de estas entregas pueden ser encontradas en las diferentes listas de los mejores largometrajes de la historia del cine.

El realizador sueco fue asiduo en las premiaciones de Cannes y los Oscar, implantando un nuevo estilo de narración que lo llevaba a las diferentes emociones que le haría sentir su pueblo natal.

El director de Fanny y Alexander confesó en algún momento que su verdadera afición era el teatro pero su aporte al cine, qué según él era un trauma y una pasión, fue tan inmenso que sus “su vida”, como denominaba el teatro, queda en un segundo plano para los espectadores.

La capacidad de Bergman de captar el rostro y las sensaciones humanas en un lente de una cámara cinematográfica era increíble, te hacía vivir las angustias, felicidades y esperanzas que el mismo realizador sentía en su tierra natal. “El rostro humano es el verdadero tesoro del cine” comentó el escritor y director hace algún tiempo.

La alegoría y un estilo de superación invadía la pantalla plana de Bergman, sus películas más desgarradoras terminaban brindándonos esperanza y alguna liberación que era imposible no apreciar.

En mi caso, yo tuve mis con Bergman, para mí fue un director que era capaz de envolverme con una película y destrozarme con la otra (no porque ambas fueron buenas, si no porque una me encantó y la otra simplemente la desprecie).

En el punto alto, para mí el más alto, es el “Séptimo Sello”, la alegoría de la película es genial, es como si estuviera pasando las hojas de un libro de José Saramago. Habla de cómo un hombre que acaba de volver de las cruzadas encuentra su pueblo contaminado por la peste y con la muerte al acecho, él por su cuenta decide retar a la muerte a un juego de ajedrez para así tener más tiempo y aprender de la vida. Genial ¿verdad?

El punto bajo sería "El manantial de la doncella", agotadora, simplemente agotadora, y creo que el genio de Bergman no merece que yo gaste mis líneas destrozando una de sus obras.

Empero, esto si les voy a decir, es casi imposible dejar de observar una película de Bergman, todas sus películas contaban con una lentitud hipnótica, que al final de la película pareciera que habría pasado mucho tiempo (generalmente este efecto los causan las malas películas, pero en la mayoría de los casos de Bergman no, digo mayoría porque el tiene también sus "clavitos").

En la historia del cine, desde la creación de la cámara cinematográfica (como diría Woody Allen sobre Bergman) no ha aparecido un realizador que capte los problemas metafísicos de la humanidad de la misma forma que lo haya logrado Bergman.

Grandes películas de Bergman

El séptimo sello (1957)
Nominada al Oscar en la categoría de mejor película. Irónicamente durante el rodaje, Bergman comentó “La muerte me asuste terriblemente”.

Fanny y Alexander (1983)
Ganadora de seis premios Oscar en Hollywood

Fresas salvajes (1957)
Premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes

Cruzar la calle

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Hora pico, es imposible creer que hay tantos carros en el mundo, y los modernos y caro que son, y eso que estamos en crisis, cuando salgo a visitar el caluroso pavimento reflexiono sobre mi situación, seré yo el único que estoy jodido (yo sé que no) pero tantas naves en la autopistas me hacen pensar eso (por cierto por donde andará la mía, tengo que resolver eso).

El jeepeton parado en la esquina con las luces intermitentes impide que vea el flujo del tránsito bien, el 50% del trayecto al otro lado tendré que hacerlo semi-ciego si este hijo de puta no se mueve.

Antes de poner el pie sobre el pavimento que daría comienzo a la marcha hacía la mitad de la calle, el bocinazo me friquea y me abalanzo hacía atrás. Podría esperarse que fuera unos cartones animados, pero no, no venía nadie tan cerca fue el desgraciado del jeepeton que finalmente decidió moverse.

Ya con la vista clara emprendo la marcha, el ejercito de carro esta a una distancia prudente, cruzando la vía viene en la misma proeza pero en destino contrario una moreno que deja perplejo, el giro de la cabeza evitó que viera la cercanía del carro que venía en el último carril antes de la mitad de la autopista.

El frenón fue tal que el vientecito de la presión me despeinó, con la sorpresa me quedé paralizado hasta que el mismo carro me tiró al suelo cuando el que venía detrás de él le dio un leve choque porque no pudo frenar a tiempo.

Sacudiéndome la impresión de haber sido chocado (por así decirlo), me levantó con leves dolores en la rodillas para recibir un porrazo a palma abierta del conductor acompañado de un “Muchacho el diablo ¿tu te quiere morí e?”

Confirmado que no le paso nada a ninguno de los vehículo o los conductores, el único que sufrió trauma post-accidente fui yo, pero como suertudo y causante a nadie le daba un carajo, descanso un tanto en la mitad de la autopista y me alegro que para cruzar la vía de retorno no tendré tanto problema pues están todos amontonados en un largo tapón.

A mitad de camino, el maldito motorista, que quiere pasar por yo no se donde, termina literalmente abrazo conmigo en el pavimento, el motor claro, se anota una mica de un carro que por suerte no son las naves de ensueño, pero como quiera, carro es carro.

Mientras me reviso para ver si no se me ha caído una costilla (porque se siente como que se hubiera caído alguno) le pregunto al desgraciado del motorista si esta bien (realmente hubiera querido que se matara) en lo que el dueño del vehículo mal dice el día en que salió a la calle para encontrarse con tal desgracia.
El tránsito se comienza a mover (que puta suerte) y quedamos, un motorista, un peatón y un dueño de carro, los tres enfogonados por el accidente ocurrido, el problema es que mientras trato de mantenerme tranquilo el del carro me grita “Tu no te quiere, aprende a cruza la calle” (coño el de la barrabasada fue el motorita, el maldito tránsito estaba parado).

El pleito de palabras, indistinto por las bocinas de los carros que pasaban, término en que el motorista y el dueño del carro fueran a resolver lo del accidente, pero entonces querían que yo fuera con ellos, a lo que no acepte y los mande a los dos para el carajo.

Entonces, entre malabarismo, dame un chance y mano levantada en señal de alto, llegó vivo a la acera del otro lado, pero con la odisea vivida, no se a que coño crucé.
(Foto: Juego de Atari "Frogger" que consite en que la ranita cruce la calle)

¿Qué decir de Cinema, los blogeros y el cubano Alejandro?

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El placer de escribir es el mismo de leer, sublimado por unas gotas más de intimidad
Stendhal

Desde el inicio del día, me preparaba netamente a que mis movimientos fueran del cuarto al baño y viceversa, nunca pensé que terminaría en un largo trayecto de canciones, conversaciones sin sentidos, y un consumo de alcohol libe de límites de cualquier tipo.

Me planté para conocer un nuevo lugar, Mi Taverna, ubicado en la Lincoln, en la misma plaza del eterno “Trío Café”, me situé en compañía de par de “frescolas” y los dueños para ver el juego de pelota, y allí, entre conversaciones bilingües, llegó la llamada que cambio la noche para siempre.

“Ven para Cinema que yo invito” me dice la voz del otro lado, y en unos cuantos minutos ya iba en camino.

(…) sin olvidar que esa llamada salvo mi vida porque había botado la tarjeta de débito y no tenía como moverme, de no ser por esa llamada, a lo mejor hubiera tenido que caminar a pie para mi casa (…)

Cinema, acogedor como siempre, me recibió entre cervezas, antiguas y nuevas amistades, y claro las de siempre, las que no se sueltan. Entonces fuera de las presentaciones comenzaron las conversaciones, desvergonzadas por un grupo que prácticamente recibió el sol en “can”, y yo, un navegante nocturno con unas cuantas botellas en la cabeza, el más tarde en llegar a esta una comunidad de blogeros para entablar un lazo genial y encantador.

Y si Cinema y los blogeros (aquellos de las camisetas de promoción de “Khoury”) se nos sentó un cubano al lado, con guitarra y libro de letras en mano, a entregarnos canciones conocidas para que tararearamos y lo tuviéramos a nuestra merced.

El cubano, de nombre Alejandro (mientras tanto sin apellido) tuvo una conexión con la mejor mesa del local (la de nosotros) que entre bromas y piropos creó una de las mejores noches vividas en este incomparable lugar (y así lo quieren cerrar).

El cantautor (que a mí entender falló en no entregarnos más de su material propio) tenía bien estudiado al público que se dirigía, enfocándose en las canciones obligatorias, esas de Silvio y Pablo, en Franco de Vita, en un pito pequeño, el pis de niño (es una canción mal pensados, pero es de eso mismo), y en Lamento Boliviano de los Enanitos Verdes, la cual no tuvo que ni siquiera cantar.

La mesa vibró más fuerte con cada canción, el grupo, inseparable desde las tempranas horas de la mañana y yo (tarde porque el aviso y la llegada fueron tardías, valga la redundancia) teníamos una coraza que solo podía ser penetradas por las manos cargadas de cervezas del muchacho que llevaba la camiseta negra de Cinema Café.

Y así pasaba la noche, con los últimos tragos en Cinema y unos cuantos más por allí por la zona, cacareamos canciones dentro del vehículo, hablamos hasta más no poder y hasta giramos en un tubo, para luego cada uno llegar a su casa, con una posible cita con Alejandro en la próxima presentación, con deseos de seguir escribiendo (… me están leyendo… que chulo!!!) y claro, las que no se pueden quedar, las ganas de seguir bebiendo.

Salud amigos y blogeros, salud!

La musicalización es el gran ausente en el cine dominicano

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En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
Arthur Schopenhauer


Los constantes fracasos del cine dominicano, de donde solo han salido una que otra película viva, se ha atribuido a un gran número de cosas: las actuaciones, la historia, la dirección, entre otras. Pero el gran ausente, incluso de aquellas que han sido “mejorcita” ha sido la música.

En nuestro nuevo “boom” de cultura, la ambición ha sido inmensa, cantidad de cineastas se han arriesgado por la pantalla grande y la mayoría de ellos hubiera deseado no haberlo hecho.

Las películas dominicanas se han caracterizado por carecer de un sin número de elementos técnicos, pero la musicalización ha sido siempre la gran ausente.

En un país tropical, en donde la música la lleva todo el mundo en el alma, ningún cineasta criollo se ha preocupado por que su película contenga la dramatización ejemplar que brinda la música de sentido fílmico, centrándose solo en los sonidos obligatorios: el ruido, ambiente, voces, que han sido de calidad muy mediocre.

No estoy diciendo que una producción criolla pudiera compararse al “Señor de los anillos”, pero esta super preoducción debiera ser tomada como ejemplo musical para las producciones dominicanas, esta trilogía cuenta, prácticamente, por composiciones por escena, que le brindó el dramatismo necesario para una película de esa índole.

Otras entregas en donde la música ha sido culpable de los logros del largometraje, “Psycho” de Alfred Hitchcock, Bernard Herman (musicalizador de Psycho) creo una pieza que ha pasado a la historia y es influencia para las nuevas composiciones de películas de suspenso. (Alguien recuerda la escena de la silueta de una persona sosteniendo un cuchillo detrás de las cortinas de la ducha).

Y quién podría olvidar la dolorosa composición de Nino Rota para la saga de “El Padrino”, esas notas inolvidables que le dieron más intensidad y tristeza a una drama trascendental.

Estos sentimientos en voces y notas largas le dieran más vida a una industria que necesita ir mejorando con cada entrega, y no se pude decir que dominicana no tiene material, que me dicen de Felle Vega, de la mismisia Orquesta Nacional, de Guy Frómeta, del grandioso Michel Camilo, que fue compositor de los temas más famosos de cadenas televisivas de Estados Unidos.

No basta con ponernos imagen, lo audiovisual es eso mismo, audio y visual, el sentimiento que vemos, debemos sentirlo en los oídos o en el corazón, ya sea una tonada acelerada por una escena de acción o una profunda y suave como preludio de un beso, entonces de ahí podemos marchar a enamorar a la audiencia porque no vale un buen argumento si lo técnico esta echado al carajo.

(Foto: Michael Camilo)