A quién le pueda interesar:

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Cualquier parecido con alguna realidad no es pura coincidencia. 

Las redes no son traicioneras ni meten en problemas a nadie, quién los consigue es porque se lo ha buscado de manera deliberarada aunque tal vez no con una mente clara.

Ayer, dentro de mis descontentos [¿mensuales?, ¿semanales?, ¿diarios?] cruce palabras con un "colega" que se encuentra en Festival de Cannes a través de un post de Facebook que le hice a un amigo y en un momento en donde tal vez debí mantenerme lejos del teclado pero como era de esperarse me acerqué a la divertida acción de buscar problemas.

El que me conoce sabe que no se quedarme callado, o mantener ciertas cosas lejos de las redes [algo así como el presente escrito dominguero] y el día de ayer fue uno de esos en donde no podía olvidar la actitud de ciertos "profesionales" en un área que he ejercido por más de 10 años: el periodismo y la crítica cinematográfica.

Es posible que haya iniciado algo que a la larga me hará más daño a mí que a cualquier otro pero ante el canalleo, no conozco otra forma de pelear en contra del canalleo que no sea diciendo brutalmente lo que pienso. No entiendo cómo alguien puede ir al festival de cine más reconocido del mundo siendo periodista y perderse el manjar cinematográfico que allí se presenta. Es una pena, la verdad que es una pena.

P.S:.

Esperemos que aunque este post parte de algo que no me hizo sentir para nada bien, sea un regreso que venga con otros desahogos más interesantes para esta tan olvidada bitácora.

Desde Guadalajara...

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Una foto de la habitación porque..... ¿porqué no?
Pues por aquí andamos de nuevo, esta vez con un poco más de conocimiento y nuevos bríos. Guadalajara está más frío que nunca, puede ser la mezcla del aire acondicionado del avión/aeropuerto o el REAL frío de la calle; de todas formas esta ciudad de México está igualita como la deje, es sorprendente que haya pasado un año.

Algo bastante irónico de las horas que nos separan a los dominicanos de los tapatíos es que, como no es un jet lag versión europea, tiene la sensación de que los días duran más. Con dos horas antes, por así decirlo, a medida que va pasando el día y uno todavía está dos horas después entiende que el día le rinde a uno más y ese "positivismo" yo lo tomo para ver más películas, comer más y claro... beber mucho más.

Como pueden notar con los párrafos anteriores, esto no es más que una excusa para subir algo al blog a ver si retomo la costumbre que me acomopañaba hace muchos años de compartir las cosas por aquí y no escribir exclusivamente fuera de esta bitácora.

Sin más

Nueva ley: deje de quejarse de las filas en el banco y lea un libro

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Es una pela lo entiendo, una pela muy grande aventurarse en estos días hacer algún tipo de transacción físicamente en los bancos de nuestro país, no solo por el hecho de que medio mundo cobra entre los días 25 y los 30 sino porque casi una totalidad de ese "medio mundo" parece que no estuvo presente en la repartición de educación y entre nunca saber lo que realmente quieren hacer una vez lleguen al cajero y la actitud de quienes lo atienden uno fácilmente se puede morir.

Pero en este caso quejarse no sirve de nada, el mar de gente que está frente a usted no se va mover más rápido, todo lo contrario, usted puede retrasar fácilmente el "flujo" por algunos minutos si se pone el traje de imbécil que lleva la mayoría; entonces, en un mundo en donde existen los celulares inteligentes y/o tablets distraigase con cualquier cosa que encuentre en línea o preferiblemente [y como en algunos bancos son ñoños que uno esté en la fila con al electrónico] lea un libro, lea un libro de cuentos.

Las historias breves y cuentos son géneros de lecturas predilectos para estos momentos, también el hecho de que los libros en los que normalmente están impresos son bastante manejables así que puedes leerlos de pie y no son tan largos para requerir una absoluta tranquilidad porque sabes que lo que estas leyendo lo puedes dejar en cualquier momento cada vez que termine una historia. En pocas palabras te da la facilidad de leer una historia, levantar la cabeza y notar que te falta un mundo por recorrer hasta llegar a la caja y volver a encerrarte en otra pequeña historia como las que saben contar Hemingway, Fitzgerald, Junot Diaz, Juan Dicent, Armando Almanzar o el tan mencionado Juan Bosch.

Leer en la fila del banco también elimina la horrible "small talk" que le da por hacer al completo extraño indeseable que tienes al frente [o detrás], con la cabeza enterrada en un libro solo tienes que levantar la mirada en tono amenazante y ya nadie más te habla y también, leer en estas situaciones, ayuda a acabar un poco con el problema universal de que no hay tiempo para nada.

Así que sal, compra esos libros de cuentos que te interesan en tu librería más cercana [o sea Amazon] y la próxima vez que vayas a un banco entre los días 25 y 30 y tenga que esperar en fila tal vez no sea tan agobiante…. al menos que estés resacado.

Tu chofer/sindicalista te quiere

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Cada día que me levanto me doy cuenta de lo malagrecidos que somos nosotros los ciudadanos. Temprano en la mañana, haciendole señas para que se detenga, veo como el transporte público decide detenerse varios metros más adelante y yo con desdén y molestia camino hasta él, sin tomar en cuenta su intención de hacerme romper la rutina de estar estático y de ponerme en movimiento.

Ignoro, en mi mundo completamente egoísta, como antes de las siete de la mañana y con un ánimo que no lo tiene cualquiera me retumba los oídos con los programas radiales, con mambo, dembow y/o música religiosa para educarme en varias áreas en el breve trayecto en el que estaremos juntos.

Yo, yoista al fin, me siento ensimismado y en el acto más puro de la negligencia olvido que con parte de mis nalgas al aire y mis manos postradas en el techo, no he tenido la decencia de pagarle lo que hasta ahora ha sido un servicio completo de entretenimiento y variada cultura. Mi actitud es tan descarada que le exijo la devolución del pago, a sabiendas de que a él no se le ha pagado con menudo.

En esa costumbre de pensar solo en mí mismo, olvido como nosotros los ciudadanos les faltamos el respeto cuando con el corazón en la mano deciden pelear por nosotros haciendo los paros. Y claro, como eternos malagrecidos, nos paramos en las aceras de las calles [como si no supiéramos nada] en una especie de protestas por quienes se sacrifican por nosotros.

Vergüenza debería darme al reprocharle cuando en un ataque de furia, por la injusticia cometida por un carro “pirata” [que intenta robarle la “comía”] detiene el tránsito medio a medio en hora pico por varios minutos. ¿Qué clase de ciudadano realmente soy cuando me molesta que tan cortés ser humano quiera estar más apegado a mí cuando me acomodo en el asiento de enfrente?

Es nuestra culpa, queridos ciudadanos, que en décadas el servicio no haya cambiado ni un chin y cada día esté más caro. Somos nosotros los culpables por ingratos y poco cordiales ante la amabilidad de tan atento servicio. Pero yo ya no, queridos ciudadanos, ya yo no estaré a oscuras. Mientras me sobo la frente después de un golpe con el vidrio ante semejante frenón, yo estaré allí [donde debería de estar siempre] junto a mis compañeros de verdad, porque ciudadanos, ese señor que ha traído a mi trabajo, ese grupo al que pertenece, me quiere ciudadano, me quiere de verdad.

Fígaro

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Orgulloso se pasea frente a los pies de su fiel amigo,


dueño de todo lo que le rodea,

celoso de caricías, tacaño de afecto

Classy y extraordinaire

directo ante el mal gusto de su amigo

que nombre tan horrendo ese de “Pinocchio”

Adicto a las cobijas



a ser indiferente con quienes le adoran



a odiar las preguntas tontas



a un par de horas de silencio



Compañero de las andanzas



léctor de vicio

con más estilo y gracia que cualquiera


Amante del buen comer 



de la vida bohemia



de un buen “rebú” 



de las fiestas caseras

Egoísta e “hijo e la gran puta”

quiere en su propio tiempo

pero que tiempo amigo

que tiempo.



































El cine es béisbol

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Un listado de las mejores películas con el béisbol como tema:

The Sandlot [1993, David M. Evans]

A league of their own [1992, Penny Marshall]


Bull Durham [1988, Ron Shelton]

Major League [1989, David S. Ward]

Sugar [2008, Anna Bodden & Ryan Fleck]

61* [2001, Billy Crystal]

The Bad News Bear [1976, Michael Ritchie]

The Natural [1984, Barry Levinson]

Field of Dreams [1989, Phil Alden Robinson]

Eight Men Out [1988, John Sayles]

Bang the drum slowly [1973, John D. Hancock]

Pride of the Yankees [1942, Sam Wood]

Fever Pitch [2005, Farrely Brothers]

Fear Strikes Out [1957, Robert Mulligan]

The Rookie [2002, John Lee Hancock]

Y por último un par de buenos documentales:

Up for grabs [2005, Michael Wranovics]

Boys of Summer [2010, Keith Aumont]

Amorío metro a metro

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Camino a tomar ese tren que desde hacer par de años engalana mi vieja ciudad me imaginé en vivir una de esas historías que se dan en los metros de otros países: las conversaciones, los cortejos, los amores fugaces; sin embargo, sentado ya en uno de los vagones a punto de comenzar mi corta travesía no me vi en ninguna forma interesado de vivir una historia con quienes me acompañaban.

Dos paradas más adelante en la plataforma de en frente me quede mirando como dos chicas convrsaban, una de ellas me interesó inmediatamente y me quedé observandola, hombre al fin, lo más que pude. Su amiga me notó y le señalo aquel “hombrecito que la veía desde el metro que esperaba ser llenado para partir de la estación. Yo sonreí y la salude; ella con una vergüenza clara me sonrió y me devolvió el saludo y por los próximos segundos ignoró completamente a su amiga para dejarsu mirada fija en mí. Y en un impulso, mientras nuestras miradas la interrumpía el tren que ella había de tomar y el aviso del que el mío estaba por arrancar, salí antes de que la puerta cerrara y me quedé en la estación.

Mi tren se marchó y yo me quedé viendola montarse en el que iba en vía contraria, fue su amiga quién me notó otra vez y de nuevo me señaló. Ella se ríe, se sonroja y se lleva la mano a la boca, yo solo abró los brazos en una especie de gesto dominicano “toy aquí”, pero el último aviso del tren suena y comienza a dar marcha, ella se queda mirándome.

Decidí quedarme en la estación un rato, quién sabe tal vez tomaba el tren devuelta, tal vez tomarámos un café, tal vez tendría mi historia de esas tantas que ocurren en los metros, tal vez seríamos novios, tal vez lo que sintiera ahora no fuera un pánico horrendo de que ella si volviera en el tren devuelta, de que fuera mi novia, de que esperará hasta matrimonio por tan romántica acción.

Vi mi reloj y me di cuenta de que estaba tarde y salí corriendo de la estación; este país es un patio y algún día la vuelvo a ver tendría la excusa de decirle de que tenía una reunión, que por eso no me quedé. Cuando salí de la estación noté que me había desmontado dos paradas antes, sentí aún más temor de volver a la estación a tomar el metro de nuevo y decidí caminar. Ya había encontrado mi historia del metro, no necesitaba más.