Rastros del naufragio

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El panorama no es muy lindo, pero nosotros podemos ayudar, ropa, calzados pero en especial comida, enlatadas, comidas para estas personas que han visto extinguidas sus moradas y su estilo de vida, nuestra ayuda es importante y puede reparar los corazones rotos regados por toda la República Dominicana en una vista semejante o peor que Katrina.

Me uno a los compañeros Joan, Mattias y José Peguero que buscan dentro de lo posible brindar una ayuda como siempre lo ha sabido hacer la sociedad bloguera.

Todo lo que puedan donar es aceptable.

Particulares a la lluvia

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-¿Cuéntame ya estas allá?
-Anja ¿y tu vienes?
-Esta lloviendo
-No importa esto esta chulisimo
-Te llamo cuando llegue
-Cool

La fiesta encendida, los tragos en su buena al igual que el aguacero de afuera, ella llama que se encuentra en medio del diluvio y distingo el sonido del radio del taxi en el que se encuentra.

Salgo, a protegerla de alguna posible caída, porque sin sombrilla no la puedo proteger de mojarse, a ella no le importa, entramos nos escondimos entre el grupo, cherchamos todos, aprovecho y paso por el bar para buscar los dos tragos.

Caen los primeros sorbos de alcohol, nos lanzamos a la pista con un merenguito apretado, siento su pecho, el amigo amenaza con hacer presencia pero lo controlo, piruetas van y piruetas vienes, tres canciones corridas y luego a la mesa a seguir con los tragos.

Coqueteo, momentos Kodak, fotos del coro, típica noche de bar, la sacan a bailar me quedo hablando con los restantes del grupo, la busco para observarla, ella desde allá me sonríe y me mira fijo hasta que una vuelta hace que su mirada se pierda en la persona con quién baila.

La noche pasa y se acerca la hora de marchar, el exceso de tragos nos tiene en un coqueteo más fuerte y personal, salimos en espera de un taxi, la lluvia estalla sobre el pavimento, no podemos evitar que se nos empapen los ruedos del pantalón.

El taxi llega y en el diluvio llegamos empapados al vehículo, nos acurrucamos, mi mano en su cintura encuentra un hueco para adentrarse en su blusa, ella sin dudar mucho sabe donde frotar, le como la oreja, ella muerta de la risa, dentro del vehículo se escucha el diluvio de afuera, nos apretamos de a poquito buscando uno el calor de otro.

Nos paramos en su casa, la entrada esta un tanto distante, no nos hemos besado, ella se desmonta corriendo hacia la puerta, yo le hago una seña de espera la taxista y la persigo, el toldo no es lo suficientemente grande para cubrirnos a los dos de la lluvia y nos empapamos cada vez más.

Nos besamos, con deseo insaciable, carnal, la lluvia nos cae casi completamente, le aprieto las nalgas y los senos, mujer de tetas espectaculares (y yo que soy un hombre de culos) las siento en mi, nos besamos el cuello, la acaricio toda, la lluvia se encabrona más lo que hace el momento más encantador, hasta que sonidos dentro de la casa y la bocina del taxi nos separaron.

Antes de voltear ella abre su celular mientras su madre abre la puerta de la casa, yo camino hacia el vehículo bajo la lluvia con la silueta de la luz de la sala de estar de su casa cuando montándome el sonido de aviso de mensajes del celular suena desde mi bolsillo, al abrirlo me encuentro con un “que rico”.

Tranquilamente cierro el celular, muerto de frío dentro del taxi, empieza el trayecto a mi casa donde me espera una cama aún más fría en compañía de Manuela.

Desespero a la luz de la vela

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Ya hace mucho tiempo que no ocurría, si sabemos que acá es poco lo que dura la luz, pero luego de existen los inversores y plantas eléctricas, o nos robamos la luz, rara vez nos encontramos a oscuras por mucho rato.

Con estos días de lluvias gracias a Noel, fueron casi dos noches completas que pase sin luz y sin agua.

Normalmente en situaciones como esta yo no perdía el control, en mi infancia se me era muy difícil castigar a mi y a mi hermano, si nos quitaban la televisión y el nintendo, simplemente nos retirábamos a leer algún paquito o libro. Lo mismo pasaba cuando se iba la luz en aquella casa de una planta en Villa Mella; a la luz de una vela podía disfrutar de las ocurrencias de Condorito (escondido) o de las anécdotas de los libros de la editora Barco de Vapor.

Pero hoy en día no disfruto de esa ventaja, cuando a la luz de la luna vuelva a desaparecer la luz eléctrica me veré a vagar los rincones de mi casa sin rumbo, porque con la computadora inservible al igual que la televisión y el Playstation 2 (como pasa el tiempo) mis -7.75 de aumento en cada ojo miope me impide refugiarme en una lectura a la luz de la vela

Así que me echó en la cama, viendo la silueta que forma la vela que se encuentra alumbrando el pasillo en las afueras de mi cuarto, sin poder inventar con mi nena (Nikkon D40) porque la tarjeta que reserva las fotos la he dejado en el trabajo, observo el techo que tanta compañía me hace en mis momentos de insomnio y escucho lo que la lluvia y el viento me intentan decir.

Justo antes de perder la cabeza recuerdo a Borges y lo ciego de las escrituras, así que me transporto hasta más pequeño cuando no tenía una computadora y a poyo un lápiz en una de las tantas mascotas que rondan mi morada y escribo estas líneas y otras más que espero seguir compartiendo con ustedes.

Nota: Al momento de un par de hojas escritas en jeroglífico casi, la luz hizo su presencia.

Las rutas por donde escapo

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Desde de temprano me desayuno con letras, para calmar las tenciones que me ofrecen las primeras horas de la mañana, trato de evitar las “mismas vainas” que presenta la prensa pero siempre me atrapa.

Me pierdo en los escritos de Joan y en la catarsis de Alexei, me deleito del sabor del Chef y busco refugio en las anécdotas de Cheluca, en lo que tomo aliento después de que el día conspira con mi “tranquilidad” me transporto a las ocurrencias de REL y de Manuel para luego sentir las transpiraciones de Bebel y Álvida.

La música se confunde entre Rock y Trova mientras un llanto interno espera con ansía otro espacio que me transporte a un lugar lejano y me siento afortunado porque me doy cuenta que puedo ver la Luna a cualquier hora del día.

Un aguacerito encantador ha llegado a mí últimamente y para no mojarme tanto busco techo en el laberinto de Damián y así voy creando más respiro que asfixia.

Caminando por espinas, prendo un cigarro y pido un deseo, y me llega la pesadilla realidad de las atrocidades de que es víctima la imagen del Che y tengo que volver a transportarme para no perderme en este purgatorio. Sin embargo no me precipito porque los portales no están lejos.

Silvio canta y Coltrane toca, Metallica retumba y pienso en un fugitivo que anda por Alemania en lo que The Killers me recuerda a un inseparable hermano que trata de descifrar España.

Y entonces recuerdo, aunque mi memoria no es más perfecta que la de Bebel (tal vez un chin más) y me bautizó con par de botellas de la Quintana mientras converso con lo que fuera una antigua peña.

Respiro, respiro quieto, y encuentro un personaje para nada carabelita, para sentarme tranquilo a imaginarme a la Marques Alyohara (sin lo sádico).

Para huir de los demonios que insisten en destruir mi joven andanza, doy la vuelta a la esquina y me posó en un rincón, que aunque un poco polvoriento logra brindarme siempre una tranquilidad.

Entonces suenan Ramón Orlando y los merenguitos de los 80’s, y el deseo de bailar apretado logra que esquive las dagas que lanzan los jefes.

Y creó en el cine, me olvido de que es un mundo orquestrado y lo vivo, igual que las letras de los dioses de la pluma que me llenan de animo y puncho las teclas y apoyo el lápiz hasta que no pueda levantarlo más.

Y escribo de más (sorry Chelu), y escribo de menos.

Suena Chris Cornell en todas sus vertientes (solo, Soundgarden, Audioslave), Alice in Chains, Drexler y Serrano.

Y así resuelvo el “placer” de vivir en un putrefacto mundo que busca acabar con lo que convive en él, un mundo despiadado, desconsolador y tétrico que no lo cambiaría por nada del mundo por todo lo que he mencionado anteriormente (algunas cosas se han quedado pero no son menos importantes) y claro los besos, las caricias y las noches de camas acompañadas que convierten al mundo en un cuadro espectacular.

En blanco

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Allí esta resplandeciente, retándome, desafiándome, me oculto lo más que pueda pero se que no puedo escapar, me enloquece, el reflejo de la bombilla en su cuerpo me quema los ojos, no encuentro nada en mi guerra personal, pareciera que interviniera un mundo en mi destino y mi fusil ha desaparecido, trato de ignorarla porque no tengo con que batallar, su mirada es penetrante, estoy a punto de quebrar, ya no resisto más, y justamente cuando creo perder la cabeza el lápiz hace su presencia.

Un poquito

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Denme un poquito, un chin, un espacio, de dos pasos, una vertiente, una ranura, una brecha, el espacio de las letras, las divisiones de las hojas, de las cuerdas de guitarra, lo que separa los mosaicos, un roce, una brisa, lo que sea, pero algo, solamente algo….

Un antes y después: el trayecto de la Churchill

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A finales de mi infancia y comienzo de mi adolescencia, el trayecto de la churchill (desde la Gustavo hasta Plaza Central) se había convertido en algo cotidiano para mí.

Normalmente mis salidas eran ir al cine y jugar “maquinitas” y siempre nos juntábamos en casa de un amigo de nosotros que vivía en la Gustavo para hacer el trayecto caminando hasta Plaza Central.

Hoy en día, que este trayecto es uno que debo caminar diario, recuerdo las diferencias de caminarlo de antaño.

No recuerdo bien que había donde hoy besa los cielos Acrópolis o que rondaba el área del recién remodelado KFC (Kentucky Fried Chicken); las vallas y los rascacielos eran inexistentes, la Plaza Paseo de la Churchill no era siquiera una niña de teta, la revolución de los locales de comida rápida no existía, y las cosas eran utópicamente mucho más baratas.

Cuando no queríamos caminar podíamos escoger entre el transporte público, que como diría Tony Almont en una canción “le pase cinco pesos, y no me devolvió” podías pagar con esa cantidad porque el precio era la mitad, o el privado, haciendo un “serrucho” pedíamos un taxi que cuya microscópica tarifa era muy raro que sobrepasara los cincuenta pesos.

Luego de llegar a Plaza Central, las diversiones no acababan, siempre nos dábamos un dos por uno, íbamos al cine y luego nos deleitábamos en Funtastico que con 10 pesos obteníamos “tokens” de tal cantidad que daba llevar “mariconera”, o en Video Juegos Plaza, que el pago era con pesos. Se me olvido mencionar que el cine rondaba los cincuenta pesos.

O sea que para los viernes en la tarde mi felicidad extrema valía unos 250 pesos o menos, y si lograba conservar parte del dinero de la merienda durante la semana la diversión era tanta que el tiempo no nos daba.

Por esto, cuando voy al cine y devengo unos 500 pesos o un mal día me da por entrar a una sala de videojuegos donde 100 pesos es una bagatela, recuerdo un trayecto que caminaba incrédulo, sin bulevares ni rascacielos, sin combos con papa fritas ni tiendas excesivas y pienso mientras camino desde la 27 hasta mi trabajo que lo que estamos pagando son todas estas “bellezas” y estas gigantescas edificaciones que ni siquiera logran cubrirme del sol.

Este sueño no paso hace tanto, mis casi 22 años prueban que esto se vivió hace poco pero las alzas son tan astronómicas que nos hace pensar que ocurrió hace 100 años.

La dinastía sigue...en busca del 20

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Es que no hay que hablar mucho, las Águilas son las Águilas, unos abusadores que ni siquiera debieran estar jugando, el premio debiera serle otorgado antes del pitcheo inicial.

Es que el amarrillo es de grandeza, desde octubre cuando se mira el sol no se ve otra cosa que un águila brillando.

Todos son presa de este animal majestuoso que surca los cielos y acaba con todos los que se le pasen por el frente.

No voy hablar mucho, déjense de vaina qué el mambo ya comenzó, que los bates amarrillos andan sonando, que se dejen de vainas los azulitos, los rojos, los azules oscuros, los verdes y los color vino que no van para parte.

Piecitos

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¿Por donde andan fieles compañeros?¿adonde se han marchado? necesito caminar y correr, ya no aguanto está cama, adonde se han ido sin mí y porque no me han dicho cuando volverán.

¿Qué hago ahora que no tengo con que pisar?, el suelo lo he besado y no de buena forma, porque mis piecitos me han abandonado he sufrido el mismo destino de Vicente Holgado, mis compañeros han conspirados en mi contra y me han abandonado.

¿Me habrán dejado sin zapatos? ¿Cuántos se habrán llevado?, hum, para lo que me interesan los calzados a estas alturas, los que los llenan ya no están conmigo. ¿Se habrán ido juntos? ¿se habrán separado y tomado su propio camino?

Donde quiera que estén les pido perdón, perdón por los caminos rocosos, por la ardiente arena de la playa, por los zapatos apretados, por el uso excesivo de los Converse, por las interminables caminatas descalzo en la casa, por la esponja de lavado dura, por la suave, por el lodo, por las espinas.

Perdonen el nunca haber consultado con ustedes por donde querían caminar, que querían que lo cubrieran en el momento, solo deseo, mientras me arrastro hasta el baño, encontrarlos desorientados, hablando, entretenidos, que de alguna forma se hallan olvidado que tenían que volver.

¿En que andarán? ¿Estarán con otros pies? ¿con los de melancolía o lo de soledad? ¿Estará alguien como yo, arrastrándose hasta el lavado analizando como hacer sus necesidades una vez que llegue allí? Qué difícil y que falta inmediata me hacen mis queriditos pies, el vacío que muestra la vista de mi rodilla hacía abajo, me llena de nostalgia y de ansiedad, ¿andarán de fiesta? ¿estarán bien? ¡Que angustia!

Me devuelvo a medio camino, ya no puedo pensar en que haré, no soy nada sin mis pilares, sin mis queridos piecitos, ¿porqué se habrán marchado? ¿Qué habré hecho mal? Antes de que la angustia se apodere de mí y consuma mi cordura me duermo, esperando afrontar esta desgracia más tranquilo cuando despierte.

El cansancio de haber regresado a mi cuerpo luego de un sueño me aturde y me siento en la cama, me estrujo mis ojos afectados de antimatismo y miopía, y me levanto para inmediatamente caer en el suelo, se ha caído un vaso de agua y me he resbalado. Mientras me secó la sangre de mis labios que me provocó la caída bailoteo mis piecitos frente a mis ojos y les doy un calido saludo. No se porqué.
(Foto: Los piecitos de Bebel)

Ecos de un cuarto de hotel

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(¿Y este quién será? ¿Lo recordaré? ¿Hará cosa entretenidas? Ha hecho lo mismo que muchos, tira el equipaje y sale despavorido por la puerta, será que la primera impresión no es buena, o siempre tienen algo que hacer cuando llegan).

Ahora todos andan con tecnología, que escribe este individuo en su computadora, este se ve joven y viejo a la vez, en que andará por aquí.

-¿Porqué hablas como si no estuviera aquí?
-Hasta que por fin alguien me responde, como es posible que me escuche.
-Acabo de llegar, pero te confieso que necesito la compañía.
-Tan joven y tan melancólico.
-No, a ella la deje, ando con la otra, la soledad, y con la pesadez de trabajar.
-Ah bueno…
-No te aburras mucho, tengo que huir pero vuelvo.
-Pero si apenas comenzamos.
-Tengo que trabajar, pero te presto a soledad para que te haga compañía, a donde voy hay muchas personas y no la necesito.
-Qué consuelo.

(Este parece que viene por mucho, la cantidad de ropa que tiro en los cajones es bastante, pero porque ha dejado un cajón vacío, y porque ha conversado conmigo, este me parece que no anda bien)

-¿Estás?
-¿A dónde voy a ir?
-¿Supongo que no bebes?
-¿Como? La verdad es que trabajas hasta muy tarde
-Me vas a controlar, avisame, para volver a la cordura
-Perdón
-Pondré un poco de música, me terminare la botella y veré que ha pasado en el juego
-Ha ganado el equipo rojo
-¿Acaso no quieres que seamos amigos?
-Has dejado la televisión encendida, ¿Qué querías que hiciera?
-Bueno, música entonces
-Se oye bien
-Tiene buen oído. Oyeme tu deberias tener muchas historias
-Debiera ¿verdad? pero no se porque, se que ha pasado algo pero nunca recuerdo que, antes de que entraras solo recuerdo la musa pasajera y siempre que sale me olvido lo que ha pasado antes.
-Qué mal

(Este es entretenido, pero se ve un poco alocado y aburrido al mismo tiempo, pero es joven, aunque parece más viejo, pero es joven)

Hasta a que hora piensa dormir este, no dizque anda trabajando, de parranda parece más, mira como adorna el rincón la botella vacía, ¿cuál será su ruta el día de hoy?

-¡Cállate!
-Mal educado
-Habla ahorita
-Tienes que trabajar
-Eso es después, más tarde, mientras tanto ahógate en tus pensamientos, pero mantenlos dentro de ti, no pienses en voz alta, déjame dormir un poco más.
-Pero si te mueves mucho y no duermes nada, mantienes la vista fija en el techo, ¿Qué le ves a mi techo?
-Lo que no veo en el mío
-¿El qué?
-Un techo nuevo
-Andas de remate
-Ahí ya! Me pare, pasó por el baño y me largo, a lo mejor el cigarrillo no me habla.
-Pues me callo
-No soy la mejor de las personas en las mañanas.

(Que se trae este hoy, me ha ignorado todo el tiempo después que subió, se la pasó conectado con la computadora y hablando por el celular, se le veía feliz, pero a quién engaña, a mi no, no sé si es por experiencia, en realidad no recuerdo, pero se que a mi no me engaña).

¿Y ella quién será? ¿Qué trabajo es que tiene este por acá? Ayer llegó en bebida y hoy igual pero acompañado, a lo mejor por eso me ignora, mejor me callo.

-Estas durmiendo
-No, pero ella sí, así que habla bajito
-No creo que me escuche
-Es verdad
-Es linda
-Sí
-Es tu novia
-No
-Ella lo sabe
-Sí ¿Qué me quieres decir con eso?
-Nada, solo pregunto
-¿Hace cuanto la conoces?
-Hace unos años
-Siempre ha sido así
-No, esto pasó hoy
-Y de aquí ¿hacia donde va?
-No sé, no pienso en eso ahora, además ella viva acá y yo allá

(El cuarto huele extraño, las botellas vacías se van acumulando, para que diablos es el cajón vacío, ha dejado sola a la chica, ¿por donde anda?, me dormí, para donde ha ido, ella todavía duerme semidesnuda, me parece que no he tenido una compañera fuera de la musa pasajera, no sé en realidad no recuerdo)

(Qué cosa más chula, verlos desayunar juntos viendo televisión, podré guardar estos recuerdos, me quisiera quedar con este, es bonito, ella es simpática y el se ve feliz, pero solo eso no más)

-Muy linda la mina
-Ahora eres extranjero, y eso de “mina”
-Creo que lo oí en algún sitio
-¿De alguien que estuvo aquí?
-No recuerdo, no recuerdo nada de antes que entraras por esa puerta
-Esta bueno el termino, lo voy usar, “mina”
-¿Y en que quedaron?
-No sé

(¿Dónde se habrá metido? Sus cosas todavía andan por aquí, o sea que no pudo haberse ido, ya el sol me esta quemando un lado, siempre ha comenzado igual, el candente sol en la mañana y el manto gris en la tarde, ¿le habrá pasado algo?)

-Vine a despedirme
-¿Por donde andabas?
-En otro hotel
-Pensé que éramos amigos
-Es que me toco moverme a mí esta vez
-Entiendo
-Fue un placer, ahora tengo que terminar unos trabajos y volver a la melancolía que de seguro me anda esperando
-Ya suenas como uno de los artistas que oímos
-Sí en realidad eso se pega
-No te puedo decir con exactitud pero creo que estas entre los mejores, aunque a veces andabas medio aburrido.
-Yo recordaré el número “423”, ¿te acordarás de mí?
-Espero, si no me entretengo mucho hablando con el siguiente
-No creo que aparezca un “cuerdo” que te haga caso

(El olor del cuarto se mantiene, a alcohol, a libros, a cigarro, a sexo solitario y acompañado, si tan solo pudiera acordarme de su nombre, ya la musa ha echado las botellas en una bolsa, tengo sueño, creo que me voy a recostar un momento).

(¿Y este quién será? ¿Lo recordaré?......)

Super You Tube

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No hay que negar que You Tube desde que se inció ha sido toda una sensación. Le ha dado con que entretenerse a los vagos y los que tienen la difícil tarea de día a día completar una botella (que serían entonces el mismo tipo de persona).

Además de encontrar cortos, antiguos muñequitos y videos cómicos le encontré una utilidad muy especial a este servicio vía Internet.

Este fin de semana me encontraba en Santiago en cuestiones de trabajo y musicalmente andaba desarmado, en pocas palabras, sin ipod, cds o radio, mi cuarto de hotel no contaba con uno. Y aquí llego You Tube.

En You Tube pude encontrar videos de todas las canciones que la noche, antes de irme a la camita, me pedía, esas notas que remataban el último trago antes de uno acurrucarse, solo o acompañado, fue lo que encontré en este grandioso invento. Hasta las canciones que nunca habían sacado un videoclip aparecían gracias a que una persona le dio por hacer un video con esa canción.

La verdad es que fue genial poder oír canciones de Metallica como Whenever i may roam y Nothing else matters y ver sus videos o Sanitarium para recordar a Cliff Burton (fue que me fuí en Metallica ese día) y si quería irme más profundo me alternaba entre la segunda antes mencionada y The hands that built america, una excelente adaptación para la película Gangs of New York por parte del trascendental grupo U2.

You Tube además de disfrutar la cantidad de videos que rondan por allí, me sirvió de radio cuando más lo necesitaba porque al ser una laptop de la empresa donde trabajo, no tenía música dentro así que tenía que tirármelas por yu tubi. Lo único malo, era que tenía que estar cambiando monitoreando la pc cada vez que se acababa una canción para poder buscar la otra.

Cena de gala

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Finalmente se hizo eco, y fotógrafos y redactores, celebraron entre ellos una actividad sin burocracia, gozada y cubrida por ellos.

A la entrada se torno un poco difícil, a los fotógrafos se les complicaba entrar y tomar la foto a la vez, y a los que llevaban el orden de entrada se les llegó a confundir su entrada cuando salieron para tomar las otras entradas y volvieron a entrar, tenían que borrarse una y otra vez de la lista, pero no tuvo mayor complicación.

Las sociales fueron una odisea, los fotógrafos se movían constantemente tratando de tomar la foto en la que ellos aparecían, quienes llevaban los nombres (de izquierda a derecha) se les olvidaba que ellos habían sido retratados y se les olvidaba quien era que ocupaba esa línea en blanco.

Para el discurso de bienvenida se complicó aún más la cosa, mientras él dictaba sus palabras de inicio, intentaba al mismo tiempo, sacar lo más importante de sus palabras para la nota de prensa, y se enredaba repitiendo párrafos porque sentía que todo lo que decía era importante y no podía dejar anda fuera (que difícil es sacar lo más importante de unas palabra cuando son propias) y los fotógrafos no podían hacer tomas del público porque ellos eran parte del público y tenía que salir.

El brindis llegó con más complicaciones, no se puede tomar mientras se trabaja, pero no nada más estamos trabajando esta cena es para nosotros. A uno le fue muy difícil abstenerse a no tomar la foto de una persona que se tiro el plato de comida encima por unos tragos de más que llevaba porque era el mismo.

Los otros reporteros gráficos no se dieron cuenta porque estaban ocupados terminando con sus fotos sociales en las que no debía y debían salir ellos.

Todo fue un caos, al momento de redactar y sacar las fotografías, todo rondaba en torno a uno mismo o todos los otros. No puedo salir yo solamente habían más personas o no estoy en ninguna de las fotos ni en la información.

Las notas eran larguisimas, todos pusieron sus participaciones completas, las fotos demasiadas, todos querían estar, en fin, acordaron seguir cubriendo caprichos ajenos porque cubrir los de uno se tomaría un periódico bastante grande.

Tartamudear lo desconocido

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Es encantador ver, normalmente pasa en bebedera, como una persona se involucra en una canción, brazos levantados y todos, sin saberse si quiera la letra, como vive la melodía y tartamudea para solo coincidir en la última palabra de cada oración con el artista.

Es que la música va con nosotros, y apreciamos una buena bachata, un buen merengue, un buen rock, o cualquier otra cosa, nos hace vibrar de tal forma que tenemos que levantar los brazos en apreciación y tararear porque no nos queda de otra, sabemos que la canción es buena, que es conocida, y aunque no nos sepamos la letra, la cantamos a todo pulmón.

Las cosas que hacemos para disfrutar de una felicidad la mayoría de las veces inexistente.

Cuando el territorio te vence

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Las llamadas, cortas pero efectivas, lograban una conversación amena, coqueta, progresiva (o al menos eso creía).

Los mensajes, cortitos, dulzones y cursis, sin responder, pero el “gracias por tu mensaje” cuando hablábamos me notificaba que eran leídos.

Las rosas, los chocolates los detalles, todos recibidos con una sonrisa que con los días que pasaban iban disminuyendo, solo mis ojos podían ver el arduo trabajo por ocultar la incomodidad.

Las citas al cine, a cenar y a bailar se tornaban cada vez más imposibles (no que en ningún momento hayan sido posibles).

Las conversaciones pasan a ser monólogos, ya las cosas que me gustaría hablar con ellas no puedo decirlas no llegamos en ningún momento a esa etapa.

Entonces el tiempo, el implacable, el que paso, se encarga de que todo se disminuya a la nada, las llamadas y los mensajitos no existen, su nombre pasa a ser solo un espacio en la memoria de mi celular, ni siquiera en la mía, ni siquiera la molestia de borrarla a pasado por mi mente simplemente todo se esfumó.

-Óyeme ¿y que pasó con tu amigo bonitillo ese?
-Yo no sé, el como que se cansó de mí

……….