Pavel en la Casa

Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa.
Fito Páez

La noche inspiraba una nota bohemio, el agua amenazaba con derrocar cualquier plan sabatino pero no contaba con la necedad de una casa de duende que nunca cierra sus puertas.

Así, cigarrillo en mano, en espera del primer Cuba Libre, las notas vocales de Cerati y su Soda anticipaban una noche bohemia de post lluvia y escalofríos de letras, de esos que saben escudriñarse hasta en las uñas de nuestras manos.

A mitad de Cuba (libre) llegan intermisiones de Diego desde argentina junto a Vicentino, la bellonera, un tanto repetitiva, nos deja caer una dosis de Marel antes de que (con escenario ya seco y todo) Mullens invadiera con sus homenajes, con aquellas de su propia pluma y con su imborrable sonrisa.

Luego de que en un manjar de aplausos complacidos, cayera Mullens entre el mar de espectadores frente al ventanal de esta Casa de todos, llega sereno (y un poco tarde) Pavel y de inmediato se hace de la atención de los presentes.

Las entonadas pasan y se dejan sentir hasta en el corazón de la madera que sostiene la mesa, es uno de esos conciertos que te engranojan hasta los pelos de los que ya has dispuesto, la cercanía que brinda la Casa a los espectadores es única y las experiencias inolvidables.

Con canciones a lo básico y un cambio de guitarras constante, Pavel disponía de todo aquel presente, que caía con cada canción y con cada grado de alcohol, y tuvo la cordialidad de brindar las canciones que obligan la compañía de la nicotina.

La melancolía desprendida por algunas de las canciones les llegaba a lo más profundo aquellos que han caído en la tentación del amor por si solos (los amorados, como los definiera el cantautor) haciéndolos incontrolables al constante roce del celular en amenaza de una llamada.

Noche ya profunda, a ley solo de un par de canciones, los Cuba Libres eran imposibles de contar, los cigarros menos, los pensamientos mucho menos, la melancolía presente, la brecha en el órgano que se encuentra al lado izquierdo, un poco más grande, así soltaba este carcelero sabatino de esta Casa de duende, siempre con sus puertas abiertas, pero posibilidad de escapar.

Y ya, al igual que Mullens, Pavel cae en el mar de gente y se pierde, y a pesar de haber sido sustituido por los sonidos de un puertorriqueño, un tal Ricky, no es posible olvidar las canciones que le dieron a uno “allá”, Viene Gente, Te di, hasta la mismisima Amapola fueron culpables de un cenicero reventado y de incontables liberaciones cubanas y eso que no toqué el asfixiante momento del cover de la cátedra del gran Fito.

Anda señor Nuñez por tu mundo, dejándonos entrar de vez en cuando, anda bien por la sombrita, que mientras esperamos el otro magistral de Alemany y otra de los anónimos, no nos queda más que vernos el sábado.

….A aquellas que pasaron por aquí y optaron por irse…..

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