Sudor de prosa

"...La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos..."
Juan José Millás

El calor emana de un cuarto de luz tenue, con trago y cigarrillo en mano, mundos regados en hojas escritas y un lienzo de líneas sobre el escritorio esperando ser llenado de mundos cruzados por un lápiz que apenas puedo sostener con la mano.

Las lluvias de Cien años, los ciegos de una ciudad esperan la transpiración de mi mundo, un mundo que no acabó de encontrar pero que de a poco sale de mis poros para llenar el lienzo solitario entre los mundos.

A mano esta todo, la uña del refrigerados, las palabras volando, los objetos que se convierten en otros objetos los malos mundos y los buenos mundos y sus espías esperan con ansías las gotas de mis poros para juzgar en que mundo pertenezco.

El viento empieza a disminuir, siento el fuego de un inmenso calor venidero y rápidamente poso mi lápiz diminuto (el que no quiero soltar porque todavía le queda vida, mucha vida) sobre el lienzo de líneas y espero con ansías mi sudor.

Mi amarillento amigo HB2 se resbala de mis húmedas manos, pero no cae de todo, sigue conmigo y me acompaña en la extenuante tarde sofocante a trazar realidades e irrealidades sobre un lienzo empapado de sudor, ya casi estoy satisfecho.

Las lluvias no cesan y las palabras intentan escapar, atrapo unas cuantas pero unas cuantas se van, ahora debo sudar más.

Siento una asfixia de alivio al ver el lienzo casí completo, los ciegos, las lluvias y las letras se asoman, la uña inerte me evade y me juzga, el sudor cubre mis manos, pero el lápiz sigue allí y el lienzo, empapado, no ha sido perjudicado sino que se siente enriquecido yo me siento enriquecido.

La noche llega con una frescura frustrante, el desliz de mi compañero HB2 desaparece las lluvias observan su compañero y no dicen nada, los ciegos ni se molestan en mirar, las letras escapan y me obligan a sudar un poco más, pero no puedo, arrastro la sábana, me cubro con ella y me recuesto sobre el lienzo… tango frío.

….. a Álbida, la hermosa lucidez de la espiritualidad; a Bebel quien hermosamente ve llover en Macondo….

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