Sobredosis audiovisual

Siete de la mañana, para un sábado eso es demasiado temprano, pero a pesar de la mala noche (que se traduce a buena noche) llegué a tiempo y la espera se hizo corta, los que faltaban fueron llegando en manada.

Con casi todos dentro de la guagua, nos enteramos que uno de los aventureros se había confundido y fue a parar, desde las 6:30 a.m., en otro lugar, nos comunicamos con él (claro como una hora después) y en poco tiempo ya se encontraba junto con nosotros listo para partir.

Las pautas fueron trazadas dentro del bus, para el viaje a Santiago unos dormirían, otros conversarían tranquilamente, pero no los de la cocina (parte trasera de la guagua, véase dentro) nos encargamos de mover unos personajes de lugar (que creyeron podrían dormir en lugares cercanos a la cocina) y nos concentramos en armar, desde muy temprano, el reventón de la metro.

Muchas fueron las víctimas del lente fotográfico mientras dormían, otras “echaron su pavita” y decidieron unírsenos en el área de la cocina para compartir los temas de filosofía y catarsis diarias de la vida misma.

El estomago no paraba de roncarle a la mayoría, claro habían ayunado desde que uno de la manada anunciara la invitación a todos a comer gratis en el Típico Bonao (bárbaros) y a penas llegamos al lugar los que brincaron de la guagua fueron varios para ser los primeros, armados hasta los dientes, en espera del típico manjar.
Después del “ligero” desayuno, los viciosos procedimos a arrimarnos al lado de la guagua para degustar el oportuno digestivo (un cigarrillo) antes de continuar la rodada hacia nuestra segunda ciudad de Santiago.

A partir del “típico” la conversaciones fueron un poco más lenta y el resto del camino se torno más tranquilo. Al parecer nos encontrábamos abobados del rico manjar, brindado, y había que disipar el estomago para aguantar el oleaje cultural que se nos venía encima.

La llegada al Centro León fue sin mucho rodeo, llegamos, tiramos las fotos de entrada, nos fumamos un cigarrito, ubicamos algo de beber y ya estábamos sentados, en la sala virtual como espectadores de geniales fotógrafos dominicanos pertenecientes a GRUFOS (Grupo Fotográfico de Santiago).

Con una acogedora bienvenida, los maestros (como se llaman entre ellos) comenzaron con su charla, donde nos informaron sobre la comunidad dentro de GRUFOS, de cómo se juntan para tomar fotografías, de sus ideologías, y sobre todo de su arte: la fotografía.

Pero no todo quedó ahí, fuimos testigos de varios de sus trabajos, nos presentaron una galería de fotos de Carnaval (tema que les fascina), trabajo fotográfico del Yaque del Norte y de la exposición de los 10 años más uno que fue presentada en las verjas del Gran Teatro Cibao.

Estas imágenes que nos cruzaban por los ojos tomadas por este, tan humilde grupo, dejó atónito a muchos, los gestos de asentimiento sobraban, los suspiros y frases de aceptación abundaban y la verdad es que no tuvimos otra forma de pagarle que con nuestro mayor agradecimiento y admiración, no hay cosa más chula que conocer personas que trabajan y dominan materias que te interesan.

El encuentro fue tan gustoso, que era imposible distraerse (yo me levante para evitar que la pesadez del día anterior me atrapara en la silla y me durmiera), también estuvo allá con nosotros Mayra Johnson (que luego se convirtiera en nuestra fotógrafa personal) y Maritza Alvarez (nuestra profesora) ambas de Imagen 83 (grupo fotográfico formado por mujeres) que tuvieron un intercambio breve pero bueno.

Algo muy cómico sucedió dentro del aula, había una chiquita tomando fotos para cobertura del encuentro con una de las cámaras que le pasara uno de los representantes de GRUFOS, a mi me pareció simpatiquísima por lo mucho que tenía que esforzarse (casi brincando) para tomar fotografías de todo el público; luego aprendí que es parte de GRUFOS junior (un grupo de GRUFOS adolescentes) y que de seguro tiene mejor dominio de la fotografía que yo.

El break luego del encuentro fue corto, a penas remojaba mis labios con una frescola pequeña (que uno de los incunbentes me la hizo botar por nariz y boca), el culpable de este viaje por la autopista de las imágenes (que por cierto lo condeno por este crimen de buena voluntad), nos tenía un plato fuerte: una presentación por todo lo alto sobre el fotográfo Domingo Batista en el auditorio del Centro León.
Con palabras cortas fue presentado el documental sobre este genial fotográfo de Santiago que con una mezcla, exquisita, de sonidos, música e imágenes, capturaron la poca audiencia que había (solo estabamos nosotros pero este material de seguro que llena) y que supo vencer los problemas técnicos que presentaban los equipos del auditorio.


Yo, responsablemente, tuve que batallar, al igual que en la charla con GRUFOS, con el cansancio de la mala noche (como dije ahorita...buena...) para disfrutar de tan especial trabajo, con la calidad que siempre no ha acostumbrado nuestro compañero.

La hora del almuerzo llegó y no andábamos muy hambrientos (por lo menos la mayoría gracias al desayuno “ligero”). En el área de la cafetería ya mi entrada me esperaba, pero que entrada, una combinación de carne ripiada con queso derretido y pico de gallo (tomates picaditos). Procedimos entonces a organizar las mesas estratégicamente para que el coro de la cocina estuviera junto en el mangueo.

Con semejante entrada, y la cantidad de comida que nos esperaba, comenzamos a repartirnos al almuerzo, coje un chin de esto dame un chin de aquello, y así fuimos amortiguando el estomago (que bastante full andaba) para poder hacerle espacio a tremendo manjar que se avecinaba. Claro que siempre hay uno que no tiene problema con los manjares.

Mientras comíamos un suceso evito que siguiéramos nuestra pelea meridiana, a uno de la manada todavía no le habían traído su comida, “ese pavo parece que lo andaban matando en ese mismo instante”, así que procedió a sacar de un bulto “mágico” su merienda con el grito de victoria, pero dolida, “soldado viejo no cae en gancho”, pero su grito no pudo obtener más victoria que la risa de los presentes porque a los pocos minutos su sándwich ya estaba servido.

Luego de reposar en “la matica”, área del extenso patio del Centro León bautizada por nosotros, y dar un tour en cocaína (o sea rapidisímo) por una de las exposiciones del centro, volvimos al aula virtual para unas presentaciones ganadoras de la bienal de video arte.

Zeinad Rebeca (argentina), primer premio 2006, fue la primera que nos presentaron. El Ávila, un corto que pudiera muy bien acercarse a la realidad dominicana, le da la vista de unas montañas antes y después de ser afectadas por las construcciones de viviendas en el terreno de la misma (si se pudiera decir de esta forma) y el segundo fue Las Colas (véase tapón en dominicano; aunque también puede ser nalgas o colillas) que nos presenta dos manos enrollando un papel con fotos de carros que da la impresión de un interminable tapón (le suena familiar).

De segundo vimos el trabajo de Benjamín López (mexicano), uno de los más aplaudidos, con un trabajo sobre la imagen de Jose Martí, que se encuentra en todos los lados especialmente en las escuelas en Cuba, y de lo poco que saben los cubanos entrevistados por este joven.

Vera Crión (argentina) vino con su tercer premio y a mi parecer debió quedarse con él. De nombre: No matarás ¿a quién? En donde un río empieza a sangrar y luego su mismo oleaje, que va creciendo mientras vemos una toma estática, borra la sangre derramada. Yo quise sacarle su lógica y dije que pudiera ser una buena crítica al descuidado de los ríos pero el comentario sobre el aborto cuando la pantalla se fue a negro me dejo pensando, al igual que muchos dentro del aula, que a Vera había que revisarla.

Las animaciones no se quedaron atrás, Los tres puerquitos de Claudia Lima (brasileña) es una crítica a la corrupción, muy adecuada a nuestro paisito, este corto fue el más aplaudido en el salón; luego vimos Doña Ana del colombiano Marlon Vásquez que presentó una viejita simpática y sincera que al final se recuesta en una mesa luego de comer muchas fresas y hablar bastante de ellas, no me pregunten pero fue bueno, en serio.

Luego de esta dosis de videos artísticos nos dieron la sorpresa de que pasaríamos a ver una exposición que abría ese día pero en la noche, o sea que nosotros estaríamos recibiendo una primicia, y con gusto fuimos a seguir dando vueltas por Santiago y seguir conociendo artistas en el área de la fotografía.

La exposición era “Urbano” de Paco Salguero, miembro de GRUFOS, que con mezcla de pintura y trabajo post fotográfico logra una imagen espectacular de lo urbano en las dos principales ciudades de República Dominicana.

Después de Salguero, fuimos a visitar la exposición de los Grufos JR.

En realidad no se si fue por el cansancio o por el dicho que todo en exceso hace daño, pero la exposición de estos jóvenes no me fue tan cautivadora como todo lo que ya había visto. Me gustaron unos que otros cuadros. Uno en especial me hizo recordar un juego de carretera de aquí de dominicana: Cepillo!

Ya terminada la oxitocina visual nos embarcamos en el camino de regreso que algunos creían iban a ser de rendimiento y de visitas a Morfeo (o sea que uno iba a dormir), pero no fue así, una parada sorpresiva en una bomba inició el bonche de regreso.

En coreografía y todo nos desmontamos los “delincuentes”, los que entraron al “food shop” salieron armados, la neverita terminaron siendo dos asientos vigilados muy de cerca por mi persona, el coro más las frías acercaron más persona a la cocina en lo que termino siendo el desorden del viaje.

Ya la fotografía, a pesar de estar celebrando su mes mundialmente, no era un tema, hablamos lo que nos salía de la boca, las críticas a la música, la batalla entre hombres y mujeres, todo era una excusa para acompañar las frías que si no eran consumidas rápidamente no iban a ser tan frías ya.

Cruzando Bonao ya se habían acabado las cervezas, como niños le gritábamos a los de enfrente que pararan, que los dulces, que los yogures, que todo lo que quisieran, nosotros queríamos de las verdes, de las que duelen, de las que animan.

Y al parecer la opinión pública funcionó, nos detuvimos, pocos se desmontaron en busca de manjares, nosotros (los de la cocina) en busca de nuestro “refresco” pero mis compañeros me traicionaron, arriba de que quede de último para subir en la guagua, tuve que subir con todo el cargamento, pasando por el pasillo de los serios de enfrente, frente a la profe y el director, que de seguro creen que soy un bandido, pero nada no le di importancia, comenzamos el destape e incluso para enfriarme lleve una degustación por el área del director (claro, fue una decisión colectiva de la cocina).

Y al fin cayeron las frías, terminamos hablando de nuestro viaje. Las dos últimas que se agregaron a la cocina no fueron ahorcadas, de cómo ya, por fin, este grupo unidos por la pasión audiovisual, se conoció fuera de un aula fría.

Nota: la crónica gráfica anda por aquí

1 comentarios :: Sobredosis audiovisual

  1. heheheheheh... ojooo ojooo no nos paso nada... hehehe

    la pasamos super biennn !!!!