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Cuando el territorio te vence

Las llamadas, cortas pero efectivas, lograban una conversación amena, coqueta, progresiva (o al menos eso creía).

Los mensajes, cortitos, dulzones y cursis, sin responder, pero el “gracias por tu mensaje” cuando hablábamos me notificaba que eran leídos.

Las rosas, los chocolates los detalles, todos recibidos con una sonrisa que con los días que pasaban iban disminuyendo, solo mis ojos podían ver el arduo trabajo por ocultar la incomodidad.

Las citas al cine, a cenar y a bailar se tornaban cada vez más imposibles (no que en ningún momento hayan sido posibles).

Las conversaciones pasan a ser monólogos, ya las cosas que me gustaría hablar con ellas no puedo decirlas no llegamos en ningún momento a esa etapa.

Entonces el tiempo, el implacable, el que paso, se encarga de que todo se disminuya a la nada, las llamadas y los mensajitos no existen, su nombre pasa a ser solo un espacio en la memoria de mi celular, ni siquiera en la mía, ni siquiera la molestia de borrarla a pasado por mi mente simplemente todo se esfumó.

-Óyeme ¿y que pasó con tu amigo bonitillo ese?
-Yo no sé, el como que se cansó de mí

……….

Comentarios

Cheluca dijo…
Todo pasa... move on!

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