Ella prende un cigarrillo sin importarle nada; como si no fuera suficiente con la peste a alcohol, a humo y a sexo que emanaba del cuarto. Tenía ganas de decirle que aquí no se fuma, o que los únicos que fuman somos yo y quién se acuesta conmigo. Pero a ella no le importaba, no sé que odiaba más, que ella conociera lo asqueroso que yo era o que ella podría serlo también sin ningún problema y verse irresistible mientras lo era.
Desde de temprano me desayuno con letras, para calmar las tenciones que me ofrecen las primeras horas de la mañana, trato de evitar las “mismas vainas” que presenta la prensa pero siempre me atrapa. Me pierdo en los escritos de Joan y en la catarsis de Alexei , me deleito del sabor del Chef y busco refugio en las anécdotas de Cheluca , en lo que tomo aliento después de que el día conspira con mi “tranquilidad” me transporto a las ocurrencias de REL y de Manuel para luego sentir las transpiraciones de Bebel y Álvida. La música se confunde entre Rock y Trova mientras un llanto interno espera con ansía otro espacio que me transporte a un lugar lejano y me siento afortunado porque me doy cuenta que puedo ver la Luna a cualquier hora del día. Un aguacerito encantador ha llegado a mí últimamente y para no mojarme tanto busco techo en el laberinto de Damián y así voy creando más respiro que asfixia. Caminando por espinas, prendo un cigarro y pido un deseo, y me llega la pesadilla reali...
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