Pocilga

Ella prende un cigarrillo sin importarle nada; como si no fuera suficiente con la peste a alcohol, a humo y a sexo que emanaba del cuarto. Tenía ganas de decirle que aquí no se fuma, o que los únicos que fuman somos yo y quién se acuesta conmigo. Pero a ella no le importaba, no sé que odiaba más, que ella conociera lo asqueroso que yo era o que ella podría serlo también sin ningún problema y verse irresistible mientras lo era.

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