El miedo a olvidar

Hace poco escuché a Marcio Veloz Maggiolo [algo que parece que se ha convertido en una estampa de sus últimos discursos] “que se escribe para mantener la memoria”, yo por otro lado, mientras hablaba con unos compañeros me encontré diciendo algo sorpresivamente inteligente; en defensa de las historias cortas alegué “que se escribe sobre cualquier suceso, para recordarlo siempre, pero sobre todo para recordar lo que te imaginaste cuando lo viste”. Al parecer, en esos momentos, las palabras de Maggiolo se encontraban rodando mi cabeza.

La palabra esta para ser leída [escuchada] y para esto está el internet, el twitter, los blogs, un mundo lleno de cápsulas de memorias capaz de mantener toda una vida, un paraíso para personas como Saramago o Charlie Kauffman.

Uno escribe para recordar, para de alguna forma continuar viviendo para preservar los sentimientos, la razón de ser.

En una escena de “Memento” de Christopher Nolan, el personaje de Guy Pearce sufre de memoría de corto plazo y para recordarse de algo de anotarlo, debe escribirlo porque casi a la cuenta de tres será como si no hubiera existido. Esto sirve no nada más como un conducto de la historia pero también como una metáfora de la vida, si no hay pruebas o incluso testigos de algo será como si nunca ocurrió.

Las personas comparten cualquier tipo de situación mundana por Facebook o Twitter simplemente por esa necesidad del ser humano [se de cuenta o no] de mantener, de alguna forma, vivo un suceso. ¿Para que creen entonces que funcionan las fotografías, el cine, la literatura e incluso la música? Todas estas artes sirven para transportar a uno a un momento muy dentro de la memoria. A recordar. A vivir.

El ser humano, quiera o no admitirlo, a lo que más le teme en este mundo es al olvido.

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