El placer de escribir es el mismo de leer, sublimado por unas gotas más de intimidad Stendhal Desde el inicio del día, me preparaba netamente a que mis movimientos fueran del cuarto al baño y viceversa, nunca pensé que terminaría en un largo trayecto de canciones, conversaciones sin sentidos, y un consumo de alcohol libe de límites de cualquier tipo. Me planté para conocer un nuevo lugar, Mi Taverna, ubicado en la Lincoln, en la misma plaza del eterno “Trío Café”, me situé en compañía de par de “frescolas” y los dueños para ver el juego de pelota, y allí, entre conversaciones bilingües, llegó la llamada que cambio la noche para siempre. “Ven para Cinema que yo invito” me dice la voz del otro lado, y en unos cuantos minutos ya iba en camino. (…) sin olvidar que esa llamada salvo mi vida porque había botado la tarjeta de débito y no tenía como moverme, de no ser por esa llamada, a lo mejor hubiera tenido que caminar a pie para mi casa (…) Cinema, acogedor como siempre, me recibió entre c...