El éxito del país más feliz del mundo

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Sobre Martha se viene diciendo bastante desde hace par de meses, yo vine a comprobar su “éxito” un día antes de la final y me mente no me engaño y se mantuvo todo lo que se sobre “reality shows” y mi buen criterio (sin la más mínima intención de ser comemierda) de talento. Pero de Martha Heredia no voy hablar más, sino de las atrocidades que presencie luego de que saliera del concierto de un verdadero artista el pasado jueves.

A Janio Lora le cuesta poco enamorar y hacer que un público se arrodille a sus pies, una cualidad que comparte con leyendas como Tony Almont y el difunto Luis Diaz, personalidad que pareció ser olvidada por el gran triunfo del “país más feliz del mundo” (como lo denominara el Diario Libre después de la victoria de Martha) en un trasto de show multimillonario de nombre “American Idol” con el “Latin” yuxtapuesto.

Para mí fue una sorpresa que un medio catalogará una felicidad nacional, inexistente claro está, a solo dos días de la muerte de uno de los más grandes exponentes de la música en Luis Diaz y un día después de que seguramente salieron heridas o seguro murió alguna persona en el desorden de la avenida Abraham Lincoln, algo que seguramente ocultarán con la cantidad de policías que bebían a coro la victoria más grande del país; incluso más grande que la de 1844.


El concierto de Janio, parte de Diciembre a la Roca de Casa de Teatro y el lanzamiento de su nuevo sencillo “Rock n´Ron”, fue bastante irónico considerando lo que las masas de la ciudad de Santo Domingo se encontraba haciendo en la avenida Abraham Lincoln.

Digo irónico porque tomando en cuenta una de las canciones emblemáticas del joven cantautor rockero, “Santo Domingo Despierta” en donde una de sus letras claramente dictan: “ciudad de caos que se duerme amanece muerta” es precisamente lo que ocurría esa madrugada. Una ciudad que no durmió “per se” pero que si se durmió y amaneció en su gran parte muerta.

Ya no había Sobeidas, problemas eléctricos o económicos, delincuencia o policía (que es lo mismo) sino unos medios impresos enfermizos vendidos al mejor postor llenos de patrocinios alabando la victoria del país y de una exponente “grandiosa” en un Reality Show. Ojo que hay un maldito énfasis en “!Reality Show!” mientras que el talento que reside en el país lo dejan morir en el anonimato.

Este tipo de cosas comprueban lo agringado y lo estúpidos que se andan volviendo las masas de nuestro país. Por eso, y ayudándome de otro amigo compositor, “se gana con el 50 más 1, es verdad que esto es un pueblo de campunos” (Gnomico).

Lo precioso del asunto es que ese millar de personas, que gastaron miles de pesos para luego gastar miles de pesos celebrando su victoria (valga la redundancia) te dirá en tu cara lo chopo y estúpido que eres, y que un desahogo en este país es un desahogo. Yo por mi parte creo que entre desahogo y desahogo no los seguirán metiendo frío y sin problemas. Al rato sabremos las cosas que nuestros fabulosos medios no supieron estar atentos para acaparar los millones en publicidad que les provenía por aquella “excelente victoria”.

De este lado de la realidad maldita, después de la noche del jueves y madrugada del viernes he recibido mis coordinadas dosis de apagones en la mañana, el dólar y el combustible siguen disparados y estuve a punto de matarme con un chofer de carro público; a eso le agregas la falta de atención al cliente o otras cosas que seguro recibieron muchas personas gracias a la exuberante celebración, porque al fin de cuenta el país necesita eso para subsistir, un momentito de alegría para celebrar ¿verdad?; pues no coño, aquí hay que dejarse de vaina y pararse en dos patas.

“Prefiero ser un maldito chopo que un indeciso de pacotilla”. Janio Lora

Mientras sigamos apoyando la mediocridad y creyendo que sobreviviremos porque un día podamos celebrar la más minima cosa (en este caso una muy minima) entonces yo seguiré temiendo a las gente que me rodea y veré cada vez más cerca de mi país, seis pies bajo tierra.

Gracias a Janio Lora, por siempre dejarlo todo en el escenario; a Gnomico un amigo y exponente reciente de esos que se quedan. A Toque Profundo y su vocalista Tony Almont, desde que tengo cuatro años canto sus canciones; a Jorgy Cruz (acabaremos con el canalleo Querubin). A mi hermano y a mi madre, rumbos separados siempre pero pilares que me aguantan. A mi padre por enseñarme a no ser conformista y a tener una mente crítica.


Toque Profundo está de 20 aniversario y lo celebra el jueves 17 en Hard Rock Café. Celebremos lo que se ha de celebrar.

Un 6 de noviembre

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"¿Cuanta miseria humana hay que crear para producir un rico?"

José Saramago


Hace mucho que un 6 de noviembre relevante sucedió y pocas personas le importan recordar que ese día existió, a nosotros nos basta con saber que gracias a ese día no tendremos que trabajar un día de semana y quién nos puede culpar.

El 1844 no está lejos nada más por la el siglo y medio que nos divide, la distancia es mucho más larga, es de leguas de años luz que ni en el Enterprise o en el universo de Star Wars sería posible encontrar una apertura en el espacio que pudiera llevarnos hasta Palo Hincado.

Ahora mismo, este en vez de ser un día de fiesta debiera ser uno de luto; en estos momentos no me avergüenzo que hace apenas unos cuantos días no sabía que se celebraba este Día de la Constitución ¿y porqué habría de saberlo? Si desde hace años “ese pedazo de papel” como exclamó el infame Balaguer ha sido no más que papel de baño para los gobiernos que nos representan y este año ha sido el colmo.

¿Cómo es posible celebrar algo que ocurrió hace bastantes años cuando quienes nos representan escupen en esos recuerdos? Mi bandera se siente avergonzada y no verá la luz en un día en donde nuestro mandatario (que todavía cree que esto es un circo) seguro se llenará de toda la mierda que ronda en la calles y apestará a todo el mundo con su “brillantez” y “elocuencia”.

¿Qué podrá decir el maravilloso Faraonel en un momento en donde sus representantes se limpian el culo con el “pedazo de papel” que debe ser honrado en este día? ¿Saldrán a celebrar los dueños de playas, los analfabetas religiosos, los huele cemento?

¿Cómo sale mi bandera a hondear, a celebrar un día que nuestro país ha decidido empañar? ¿De que forma se crece con un pensamiento crítico cuando “Moral y Civica” es una materia para llenar y sacar más dinero y cuando la iglesia católica es una obligación? Claro, sigamos llenando nuestro país (que no es un pueblo coño es un país) de “campunos” conservadores que no saben que estamos en el Siglo XXI.

Uno no sabe ya donde encontrarse, si en la vergüenza, en el odio o en el lugar de simplemente hacerse el loco; un país donde las promesas vuelan como papelitos, donde la luz eléctrica para el que la paga es un relajo y donde ahora se ven la cara de cientos de “casi delincuentes declarados” con una “angurría” increíble esperando ahora esos seis años.

“¡Quisqueyanos valientes alcemos….!” Anja si, me avisan cuando los grupitos revolucionarios dejen de hablar pendejadas, que solo parecen lo mismo o peor que los partidos tirandose trapitos unos con otros.

¡Qué viva su constitución! Que salgan los ensacados a celebrar un año de éxitos, de Asambleas vacías porque uno anda en NY, el otro traficando y el otro metiéndoselo a la hija de una familia que fácilmente podría poner un postíbulo.

A final de cuenta, los malos no son ellos somos nosotros; ese no es el gobierno que hemos elegido (aunque la mayoría si lo hizo), ese es el gobierno que nos merecemos.

¡Qué viva la República Dominicana! Si alguien le queda pulmón que me acompañe a lo que normalmente se grita después.

El piso que pisas

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Desde los primeros rasgos del sol sabía que hoy sería uno de esos días. Uno de los días en donde malabareas mil quinientas cosas sobre tu cabeza y ninguna de esas soy yo.

Apenas pudimos concretar el derecho lógico no escrito de una “relación” de hablar aunque sea una vez durante las horas de trabajo. Era de esos días en donde te impacientas y temes por la caída de las nubes en forma de bloques de concreto sobre toda la humanidad (aunque a veces creo que disfrutas de ese pensamiento) y pareces andar a mil por horas por las ceras y los pasillos.

Yo por lo regular llegó más temprano que tú en estos días, destapo una botella de ron y me siento a comer galletitas con mantequilla de maní en las escaleras esperando que cruces por la puerta.

Lo único que interrumpe las batallas musicales de Chet Baker, Charlie Parker y Eric Clapton es tu silueta que pasa frente a la ventana antes de llegar a la puerta a menos de una hora para que el sol se oculte. La posición define perfectamente el perfil de una mujer angelical que no creía nunca pasaría frente a mi puerta. “Magic Hour”.

Cuando entras, la cartera queda a un lado, antes de subir me besas rápidamente y sigues tu despavorido camino hacia la segunda planta amarrándote el cabello como puedas. Yo me quedo allí sentado entre galletas y ron.

Al poco rato bajas, franela blanco y pantalones cortos; te sientas a mi lado, me miras como tratando de reconocerme, me robas unas de las galletitas que tenía en la mano, y luego de comértela me besas la mejilla, como si fuera un gesto de agradecimiento; luego sigues tu rumbo, sandalias en mano (no sé para qué si no las vas a utilizar) sacas tu computadora de tu bulto de trabajo y tiras las sandalias al suelo. Colocas las computadora en la mesita de la sala y sigues tu camino hacia la cocina.

Sales con cerveza y vaso plástico en mano, tu cabello es un desorden pero a mi me encanta la tranquilidad que le trae a tu rostro, además todos los moños recogidos revelan el interminable camino de tu cuello.

Antes de sentarte te detienes en el medio de la sala y flexionas tus dedos. A ti y a mi nos encanta “recoger el sucio del piso” (como diría mi madre) andando descalzos, pero nunca he entendido tu relación con aquella locación de la sala que te sirve de entretenimiento por meros minutos.

- ¿quieres? – me dices ofertándome un poco de cerveza – yo solo respondo enseñándote el vaso ya casi vacío de ron, tú solo responde con el gesto de “tú te lo pierdes”.

Al poco rato me levanto de la escalera para ir a rellenar mi vaso, a penas vuelvo y te cruzo por el lado, nuestras miradas se cruzan momentáneamente “The Story” de Norah Jones sale de el ordenador, la Presidente decora el piso al lado del mueble largo negro ya yo aprendí que aquel no es mi lugar.

Antes de subir y refugiarme en la habitación, me tomó unos momentos más al pie de la escalera. Tu subes tus pies en uno de los brazos del mueble, e inclinas un poco la cabeza a tu izquierda, tu sabes como entretener a uno, entre tu cuello y los dedos de tus pies cualquiera se pierde.

Al final, yo hago un último intento por entender, y me detengo en el medio de la sala, frotando mis pies de la misma forma que lo haces tu cuando yo me quedo de espectador desde la escalera y no encuentro sensación alguna que me haga quedarme allí más de un minuto. Derrotado, me marcho a la habitación, sin embargo, la noche para ti ha sido un encanto.

Horas más tarde, luego de una breve lectura y pocos minutos de “haberme dormido” tu llegas de puntillas, te lavas la cara en el baño, cambias la almohada de lado y te acuestas para los pies (en otros casos esto sería un claro indicio de un disgusto entre ambos, pero no es así). Antes de cerrar los ojos, siento tu cintura pegarse más a la mía y como frotas los pies una última vez para el deleite de mis sueños.

Cuando te pintas las uñas

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Te la pasaste molesta toda la mañana. Refunfuñando de aquí para allá, notando solo mi existencia cuando las pestilencias que salían de tu boca, necesitaban un destino físico. Y allí estaba yo, un blanco perfecto.

Huyendo salí de la casa y me senté en el patio. Pensé en repasar el periódico y una que otra historia corta de Millás. De repente, el fuerte olor a esmalte despertó en mi una tranquilidad que se concreto al verte a pocos metros de distancia , tus pechos recostado sobre tus rodillas, mientras alcanzas la diminuta uña de tu meñique izquierdo para disfrazarla de un rojo decorado con escarchas.

Te ves feliz, yo no pregunto porque, ya no tengo concentración en mi lectura, el arte de pintarte las uñas me tiene cautivado y solo me pesa el hecho de no poder salir corriendo en busca de mi cámara y retratarte hasta la última pincelada.

El tiempo se va acabando, ya el sol busca partir hacia otro continente y tu ligeramente lo observas y vuelves para soplar el conjunto de uñas de tu pie izquierdo y yo allí ensimismado recibo una extraña mirada coqueta de tu parte (extraña para el día tan maldito que te abrumaba) y sin pensarlo dos veces me levanto y camino hacia ti, tu por alguna razón no me quitas los ojos de encima, yo llego y te planto el beso que no te daba desde antes del desayuno, ahora si se sentía como domingo; de repente, con tu mano libre, me alejas de ti y como si fuera un analfabeto o alguien que no estuviera en todo el día perplejo por tu belleza, me dices: ¡Cuidado que me las acabo de pintar!

Mi sitio era otro, en lo que el sol caía, te vería caminar con los tobillos, dando saltitos con los dedos de las manos y de los pies completamente separados, esquivando esquinas, sillas mal puestas, la puerta de la nevera cuando la abrieras; y yo vería los deportes en nuestra cama, lo más tranquilo, esperando que por fin te presentarás frente a la puerta, sin algodones entre los dedos y yo pudiera por fin demostrarte que el día no había sido una total pérdida.

A GG

Leer: Pronografía de Juan José Millás

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Cuando abrí la puerta del edificio, lo primero que te golpea en la cara es el permanente “sol de las 12” que tenemos en el país; ese foco sádico que lo que quiere es consumir cada onza de agua que uno lleva dentro. Entonce, ahí es que uno comienza analizar el trayecto a recorrer y su destino.

Después de la merecida gallera que “el rubio” me otorgo, subí de nuevo para cambiarme la vestimenta que llevaba puesta: unos jeans y un tshirt negro; por una más suave: unos cargos cortos y un tshirt gris. Como nada se le puede ocultar al discípulo de Apolo, el azote fue aún más fuerte cuando volví a pisar la calle.

Hace pocos meses que me mudé, del 7 ½ al 11 ½ de la Sánchez; en primera instancia el cambio no parecía tan grande, pero cuando tuve que recorrer la carretera Sánchez (o avenida Independencia) completa el golpe de realidad fue más duró de la cuenta y la verdad es que es bastante duro para un peatón tener que transitar obligatoriamente una de las calles que más odia, porque créanme la he aprendido a odiar con fervor.

Una de las cosas que aprendí en mi eterna vida de peatón en Santo Domingo es no arrepentirse de donde uno se va a sentar porque la puedes pasar mal. Yo rompí mi propia regla, y camino a la parte trasera de una “voladorita” que apenas anda con vida decidí moverme al frente, pero con medio cuerpo adentro y un pie afuera, el chofer le dio “pa yá”, por suerte el pavimento se mantuvo en su lugar y yo pude llegar vivo al asiento que no se porque coño preferí en ese momento.

Lo que siempre he encontrado cómico es como uno paga por un servicio terrible, en un pedazo de vehículo que quién diablo sabe como se mueve que al final no te deja donde pides y a veces te exhibe: “Mi hermano, hágalo ahí”.

El que se invento el “freelancing” definitivamente no conocía este país. Uno privando en fotográfo, se encarama en una güagüa o carro público, se le encarama a un pana, o se te siente arriba uno que debió pagar no dos sino tres pasajes, para llegar al lugar, 10 minutos antes de lo establecido, esperar hora y media a que lleguen aquellos con quienes van a trabajar para luego oir: “yo creo que quedaría mejor con tal cosa, mejor los dejamos para el viernes”; hoy es lunes.

Y que uno hace, uno camina de una avenida a otra, porque la ruta que tomaste para llegar allí no te sirve de regreso, ¿cómo así?, dura dos horas esperando el transporte del gobierno para que llegue explotado de gente, donde un bugarrón te da tremenda sobada y donde hay que vocearle la parada al chofer que va a millón y le ha dado por escuchar bachata.

Entonces uno se siente ido y le entra la melancolía al pasar por un lugar donde vivió por más de 16 años y ahí calculas que con el ánimo que van los del peligro transeúnte te quedan todavía unos veinte increíble minutos en lo que piensas si el brazo que te sostiene se te va a salir del zócalo o no.

Y nada, llegas a tu casa, apestas a todos menos a ti, sudado hasta por donde no estas supuesto a sudar. Tiras tu equipo fotográfico al mismo instante que te das cuenta que la batería de tu cámara se ha quedado cargando debajo de tu escritorio y cobra entonces sentido una de las cosas que más odias en el mundo: los refranes: “no hay mal que por bien no venga”. Si la tuya también por si acaso.

Día Microscópico #1

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Con el sol y el silencio ahogante del cuarto se que han pasado dos cosas, una: que obviamente ha amanecido y dos: que la electricidad (como todas las mañanas) ha decidido brillar con su ausencia por un par de horas.

Lo bueno de vivir en un país cavernícola en cuanto a electricidad se trata es que los momentos de ausencia eléctrica se pueden usar para repasar el reguero de libros que adornan mi piso y todos los rincones que mami insulta cada vez que le toca limpiar mi cuarto.

En pleno verano el calor zofoca a uno desde que uno deja de sentir la brisita del abanico (o aire acondicionado, dependiendo de su “preferencia”) y no es aconsejable consumir nada caliente, pero es imposible decir que no a un café con leche mañanero acompañado de las anécdotas de Hemingway en “A Moveable Feast” mientras me conformo con oir un poco de bachata desde el ipod de la doña pues no le gusta que le cambien la música.

Cada vez que me entrego a los pasajes de juventud del escritor norteamericano llego a la dos conclusiones, que estoy harto de la ciudad y quiero pueblo, campo o New York; y que es imposible, en muchas ocasiones, tratar de tener una conversación razonable con muchas de las personas que habitan Santo Domingo.

En la primera, es fácil, Hemingway anda viviendo de bohemio y pasando trabajo en París, lejos de su casa. Por la segunda, cada vez que escucho historias de conversaciones de barras, de las pocas que he vivido, me recuerdo de los constantes choques que tenía cuando visitaba una cafetería de la Zona Colonial todas las mañanas antes de asistir a un trabajo de joyería que solía tener.

Con dos periódicos bajo el hombro y uno que otro libro, me sentaba mucho antes de las 7 de la mañana en la madrugadora cafetera y gozaba con las conversaciones que solían salir durante mi estadía. Algunas en las cuales me entrometía, pero es increíble pensar que el dominicano pueda aceptar una crítica o que alguien equivale un conocimiento (especialmente si es más joven) porque nosotros, “afortunadamente”, lo sabemos todo.

No tenía mucho que la joyería de unos amigos cercanos se había mudado de lugar hasta llegar a la Mercedes entre Meriño e Isabel la Católica, faltaban un par de semanas para que casi perdiera mi mano derecha en un accidente en dicho taller, pero yo me vacilaba caminar por uno de mis sitios preferidos de la ciudad a todas las horas posible.

Los sábados trabajamos hasta las 1:00 p.m. y era día de pago, y aproveche para invitar a los muchachos a una de las cosas más chulas que se pueden hacer en la Zona Colonial, beberse la tarde en la Plaza España.

Allí, entre liga de cervezas, romo y cigarros, hablamos de todo y de nada, mientras el sol pasaba de ardernos a pintarnos el horizonte. Son ya pasado de las seis de la tarde, el sol también pinta el horizonte que vislumbro desde la ventana de este cuarto piso y yo solo quiero volver a la Plaza España, con un cafecito cargado, unos libros abajo del brazo y acudir a ese joven de 18 años para decirle: ¡Cuidado! Estás a punto de desperdiciar buenos años de tu vida, pero no puedo, ya el sol se oculta y entre La Mala Rodriguez y un whiskey a la roca solo me toca recibir lo que viene con actitud. (Life is good).

A sunday before sunset

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Entonces uno se aburre y decide calentarse los pies en la playa en una excusa de romper con la rutina a pesar de que dentro de la arena blanca solo varía que tanto te quema el sol.


Entonces uno vuelve, ha rellenarse la vida con unos tragos, a hablar pendejadas, a coquetear, a fumar, a enredarse en risas y a perderse en lo urbano de nuestra ciudad.


El bolsillo se quiebra, la tarde ni planes de acabarse tiene. Ella tiene una brillante idea:


  • ¿Porqué no vamos a tu casa?
  • Solo tengo agua, 100%, cigarros y condones.


Ella asiente sin ningún problema, y caminamos con el sol en el tope de nuestras cabezas y se me ha olvidado para que saque a la nena (la cámara).


El agua fue más que suficiente, el jugo sobrevivirá; ella se asoma a la ventana para respirar el cálido aire del verano.


  • Mira que lindo, tómale una foto


Yo saco mi medio cuerpo desnudo por la ventana con mi cámara en mano. Nunca antes había tomado una foto mientras me agarraban el miembro. El anaranjado de la tarde dura apenas minutos. En la esquina se escucha mambo y regueton, pero mi cuarto se llena de suspiros y tranquilidad.

Más sobre “Los Haitises” y lo que nos compete

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Por si las dudas, yo no quiero cemento en Los Haitises, esa es una denuncia que está más que clara en los últimos días y porque se seguirá batallando hasta las últimas consecuencias. Pero la pelea no se detiene en la cementera, va más allá y es ese mismo concreto el que nos ha ayudado a unirnos por una causa (que muchos todavía no entienden del todo) y por esto pido no nos dejemos distraer con nimiedades y pendejadas.

8 mil personas asistieron al concierto, yo no las conté pero vi la muchedumbre desde la azotea de Angelo´s mientras tomaba fotografía. ¿Esto quiere decir que fue un éxito?, el concierto sí.
Mientras me deleito con la Catarsis de Alexei (y sus numerosos comentarios) y los diferentes acercamientos sobre está actividad no me cabe la duda, que mientras salí eufórico y encantado con el concierto, no nos podemos quedar en el mini discurso que se expuso el pasado domingo.

Fíjense en algo:

La desfachatez de crear una cementera en Los Haitises ha hecho algo genial en nuestra sociedad. La mayoría de los jóvenes, como expuse en mi post anterior, nos estamos uniendo por un punto que es no seguir permitiendo más sinvergüencerías de quienes nos gobiernan así que no podemos permitir que nuestra voz se detenga a la puerta de la muerte de la cementera, tiene que ir más allá, la cementera no es lo único que yo no quiero, son más cosas y se que el sentimiento es mutuo.

Yo nunca he sido partidario de grupos sociales o de izquierda, no me gustan, pero los apoyo a todos, me explico:

No me gustan por que lo que he notado de varios es su competitividad con los otros grupos, error fatal considerando que el enemigo es mutuo (por ser un poquito radical). Es crucial que no seamos iguales a las personas a quienes nos enfrentamos.

Es responsabilidad del grupo [Música por Los Haitises] de los otros y de todos nosotros “no quedarse callados” luego de esto, esto no es siquiera el principio, la superficie solo se ha rascado un poco.

Entiendan que la crítica que ustedes creyeron negativa son todo lo contrario, necesitamos más, y pelear por más, cada día hacernos más fuerte porque si nos dejamos llevar por complejos personales de quién ha hecho más que quién entonces es mejor que entreguemos esto, nos dobleguemos y no nos quejemos cuando no “los metan bien frío” porque si no se han dado cuenta nos estamos batallando con idiotas, estas personas han manipulado la sociedad por años y no lo queremos más, así que abrocharse los pantalones y ha seguir peleando por más.

No es el cemento en Los Haitises lo único que no quiero y se que es mutuo el deseo.

Orlando Le Chiffre (Un ensayo sobre la salud)

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"Ya entiendo las lágrimas de mis amigas cuando me vieron"

Yo nunca he sido uno de llevar la vida muy en serio, en realidad muy rara vez me tomo nada en serio, en especial con algo tan volátil como la salud que puede atacar en cualquier momento, no importa quién seas, de donde seas y como lleves tu vida.

En mis cortos 23 años he tenido la suerte de nunca sufrir una enfermedad más allá de las inevitables gripes, virus para los que (después que te dan) eres vacunado y las partías y demás cosas que requieres una visita breve a la sala de emergencia (que han sido muy pocas). Solo una lesión en mi rodilla derecha cuenta como algo serio en mi historial médico.

Desde los momentos en que se vislumbraba la aparición de la Gripe que lleva su propio número serial, yo y una amiga coincidimos en que hay tenía que haber un “maco” y que de seguro aquí harían un boom con eso y alguien de seguro se haría rico. Muchas personas han muerto, pero por mi parte estoy seguro que hay en todo esto un asesino y muchos ricachones.

En fin, lo que intento decir es que con las desgracias ocurridas alrededor del mundo, y la pandemia con dicha gripe no les fue posible evitar que yo me mofara de la misma y no la tomara en serio, después de todo con el coro de tomar pocas cosas en serio uno llega hasta sentirse inmune o superhombre en la mayoría de los casos.

La verdad es que desde hace ya tres semanas he estado tosiendo de una manera peculiar, o sea con seguidilla y “pa´entro”, a esto le agregamos a veces unas crisis tipo asmática y me tienen a mí de repente pidiendo que me lleven al médico, cosa extraña en mí (debieron ver la reacción de mis padres).

Los médicos no me defraudaron, me he recordado de Nanni Morretti en Caro Diario, horas en espera para solo minuto y medio de consulta en donde pasan por encima de ti como un cigarrillo y llenan su ojilla de recetas.

El caso es que a fin de cuentas no tengo nada. Nada en mis pulmones ni en ningún otro sitio, pero la peculiar tos y unos estornudos (pa´entro también) que se cuelan por allí han hecho estallar mis “ojitos” que se encuentran hoy día llenos de sangre y que por primera vez hacen dudar de ese escudo que creí tener en cuanto a salud se trataba.

(…) Para muestra de lo efímera que es la salud, y en este caso la vida, recordemos en el mundo del fútbol (que hay que ser bastante saludable para participar en ese juego) la muerte de tres jugadores menores de 25 años, en excelentes condiciones físicas durante jornadas deportivas. Entre ellos un lateral que pudo haber sido grandioso, Antonio Puerta.

También vale destacar la vida del editor de la revista francesa Elle, Jean Dominique Bauby, sufrió a sus 43 años una embolia que lo dejo paralitico casi completamente, solo su parpado izquierdo funcionaba; el también gozaba de una excelente salud en el momento de su desgracia
(…) La vida de Jean-Do (como era conocido) fue plasmada en la película “Le Schapandre et le Pabillon” de Julian Schnabel basada en un libro que Dominique le dictará a una mujer utilizando solo el pestañeo de su ojo.

Mi preocupación más grande ahora es mi vista, que le puede hacer esto a una virtud que a pesar de estar complicada de por sí (tengo casi 7 de aumento en cada ojo) esto me parece que no es un buen augurio.

Retomando la suavidad y la poco seriedad con las cosas….

Lo de Le Chiffre es en honor al villano de Casino Royale, que llora sangre de su ojo izquierdo, aquí un video medio malito de este peculiar personaje:

En los Haitises yo no quiero cemento

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"Yo no quiero cemento, salva Los Haitises"




Como al parecer los ineptos que se encuentran en el poder no entienden cuando uno le habla, uno entonces canta y se congrega para ver si algo pasa por las diminutas cabezas de aquellos que nos dirigen.

La verdad es que no había mejor forma, 20 de nuestros mejores exponentes musicales, 10 presentadores de igual estirpe cultural y miles de cabezas pensantes (jóvenes en su gran mayoría) fueron las voces que por nada del mundo se iban a quedar callados, y es que ya esto es más grande que Los Haitises y como dice la agrupación Punto-G en una de sus canciones: “esto va mejorar” pero es gracias a todos los que nos unimos y definitivamente no nos quedamos callados.

Ocho horas completas pasaron entre canciones y griterios en contra de las barrabasadas anti-ambientales de nuestro gobierno, del fatal de Manuel Estrella y su endemoniada cementera. Ya el pueblo está hablando, ya nos estamos uniendo y es que no la van a tener fácil, hemos comenzado por la cementera luego seguiremos con todas las injusticias de los ensacados. Si nuestro representante, el “excelentísimo presidente” Leonel Fernández (que ha probado ser un analfabeto en cuanto a gobernar se trata) quiere hacerse el loco, nosotros no!

Dentro de la actividad, fueron recibidos los campesinos que han acampado en Gonzalo, uno de los momentos que más euforia causó durante los inicios del concierto porque vinieron acompañados del cantautor Jordano quién entonó una de las canciones más emblemáticas de la actividad. ¿Zapataso para quién? Para el que se apellida Estrella sino lo saben todavía, y para los dos Fernández con los pares extras que aparezcan.

Pero la verdad es que lo de ayer fue genial, desde Punto-G hasta Son Abril (que hizo brincar a la gente que se quedó después de todo ese tiempo) y lo de Marel, cantar el himno a capela al final del concierto, fue soberbio.

Como dice un buen amigo y la gente de Justicia Global, juntos podemos formar un puño que se sienta y que sea el arma que acabe con la corrupción que tiene nuestra isla enferma y que a pesar de eso nos andamos haciendo los pendejos. ¡Pero no más!



"La marcha desde Gonzalo llega a su destino"



"Jordano interpreta una de sus canciones juntó a quiénes vinieron desde Los Haitises"


A Phil Jackson que cuide su trabajo

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La sombra de Jack Nicholson no es solo una amenaza para los que codicien estatuillas doradas en los premios Oscar, o para quienes quieran personificar al archienemigo de Batman (aunque el difunto Heath Ledger lo superó), sino también para el 9 veces campeón de la NBA como entrenador, Phil Jackson.

Denominado “Lakers #1 fan” Jack hace presencia como ninguno, inclusive se hace sentir más que el mismo Jackson desde su asiento de seis cifras de costo, de las gringas no de las dominicanas, cuando cometen alguna “injusticia” en contra de sus adorados Lakers.

Ahora, en dado caso que Phil Jackson sea despedido o renuncie al puesto de entrenador de los Lakers, ¿que Jack Nicholson se encargaría de llevar las riendas del equipo angelino?


Joker/Jack Napier (Batman/1989)

Sería el sádico, burlón y psicópata Guasón del Batman del `89. Como lidiarían los equipos contrarios con un entrenador como el Joker, mucho trabajo le cuesta lidiar con el desde las gradas, imagínense con la fuerza de ser el entrenador del equipo contrario.

Jack Torrance (The Shinning/1980)

Y que tal si el que entrara sería un desquiciado con hacha en mano. Que arbitro se atreve a llevarle la contraria, o que jugador del equipo contrario se atreve a anotar algún punto frente a un entrenador que después de un “here´s Johnny!” desataría una matanza sin igual.

Col. Nathan R. Jessep (A Few Good Men/1992)

Y si la única verdad para este sería que los Lakers se fueran con una temporada perfecta, podrán los otros equipos aguantar “esa verdad”.

Jerry Black (The Pledge/2001)

Un hombre que prefiere perder su alma antes de dejar una promesa incumplida sería imbatible como entrenador. Después de prometerle un campeonato a los fanáticos de los Lakers, el único camino sería la victoria sino la locura.

Costello (The Departed/2006)

“Beacuse here, in the Staples Center” serían las palabras claves de un norteamericano con descendencia irlandesa que no parará a nada para obtener su victoria.

En mi opinión, y más como fanático de los Celtics, que dejen a Phil Jackson y que cuide su empleo porque con todo lo que le dijo a Doc Rivers (ver la foto principal) siendo fanático nada más, de ser entrenador me lo tira en un poso de ácido nada más para reírse un chin.

Nota: Si sigo con los personajes, no termino hoy.

Él, el anfitrión

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Él ya se preparaba, la noche del viernes caía y debía alistar todo, era la responsabilidad de un anfitrión la que pesaba en sus hombros, después de todo a Él le encantaba, o por lo menos hacía el esfuerzo de aparentar que lo disfrutaba.

Las llamadas llegaban, Él estaba más tranquilo pero no tan feliz, ella (la futura Ausente) ya había confirmado su inasistencia y Él no mostraba ningún desespero ante las presencias de las llamadas que anunciaban una pronta llegada.

Eran las cinco del día anterior, Él se apresuraba en adquirir los últimos ingredientes de la tan aclamada (durante toda la semana) parrillada, sin embargo, le preocupaba bastante que la parrilla en sí no apareciera y la limitante de asientos que presentaba su casa.

- “Soy la señora Dalloway” – exclamó mientras consumía un Marlboro Light en pleno alboroto de tránsito.

La manecilla del reloj marcaban las 10:15 a.m. del viernes, a penas tenía casi tres horas en el trabajo y ya le parecían una eternidad. A Él no le creaba ningún tipo de ansiedad que fuera organizador de una actividad social más tarde en la noche, era simple lógica laboral que el último día de la semana fuera lo mismo que atravesar parte del infierno.

Inmediatamente llegó el primero de los individuos supo que la noche sería una de romo, y de bastante para ser más claro, Él se decidió por solo refrescarlo con hielo, su primera visita, con refresco.

La parrilla cogió fuego en poco tiempo y estaba encargada de cocinar las primeras salchichas de la noche, mientras los invitados seguían llegando y la parte frontal de la casa parecía cada momento más pequeña. Él, sin dudarlo, busco inmediato refugio en el patio de atrás y encendió un cigarrillo para escapar de la claustrofobia que lo consumía.

Al terminar el último copaso del cigarrillo que casi le quema la yema de los dedos, estaba totalmente borracho y le decía a una muchacha por Internet (la que le gustaba, no la ausente) que haría una parrillada el sábado siguiente. Era domingo y ya casi era aquel Lunes maldito donde decidiría cambiar la actividad para el viernes, eran las 11:50 p.m. el nombre de Ella decía “offline”.

- “Tendré que hacer un fiao con lo que me falta” – entendió al ver la cuenta en bancarrota luego de que otra promesa de que le pagaran se haya fugado para otros siete días más.

Ya era miércoles y pasaba del mediodía, la escasa cantidad numérica haría que le caería mal la comida.

- “Lo que me faltaba” – decía mientras expulsaba los deshechos del buffet engullido en la hora del almuerzo. – “ahora toy envenenao”.

Esto no evitó que lambiera el fondo de una botella de ron mientras escuchaba la extraña combinación de Silvio Rodríguez, Elvis Costello y Rubén Blades desde la computadora. Pasaba ya la media noche, era jueves.

- “Y Él?” – se escuchó Ella al mismo tiempo que el radio hacia su transición musical.

Él apagó el cigarrillo rápidamente, se llevó una menta Halls a la boca y se encontró de golpe con una belleza que lo esperaba.

Los saludos fueron afectuosos, no comprometedores pero tampoco inocentes. Él guardo la cajetilla de cigarros en el bolsillo del pantalón y le ofreció una copa. Ella aceptó.

La gente comenzaba a llegar por montones, la bebida fluía, Él se paseaba con rapidez entre la multitud, y solo alcanzaba a detenerse unos segundos entre los invitados, a Ella la miraba, Ella se reía sin saber porque, de repente, Él concentró su atención en otra invitada.

El celular vibraba, su luz iluminaba la oscuridad eterna del cuarto, no había luz, Él estaba sudado – ¿En que estás? Toy malita – decía el mensaje en el móvil. Pasaban de las 9 de la noche, era martes.

La conversación de mensajes cortos no pasó de los eternos cortejos inservibles que el utilizaba con Ella. Un “Mime rico, Muahz” cerró la conversación, eran las 10 y algo, la luz llegó casi a las 12.

A Él le llamó mucho la atención el interés mostrado por la Otra, una mujer de cuerpo pornográfico que con el contacto de sus dedos cada vez que Él le hacía llegar una cerveza o como intentaba retozar con Él mientras cocinaba lo tenía intrigado; Ella, por el otro lado, no le quitaba la vista de encima.

Buscando nueva vez respiro, Él busco refugio en el patio trasero. Sin darse cuenta, Ella había usado la excusa de ir al baño para seguirlo.

No había llegado al patio trasero y ya desprendía de su contenido a dos cigarrillos y con una habilidad, desesperante y desconocida, los dividía ambos para dar cabida a un poco de marihuana que llevaba en el otro bolsillo.

Mientras el espeso humo salía de su boca, divisó una figura femenina en la entrada del patio, era Ella. Él se quedó observándola y pensó: “Ella sabe”, pero no hizo ningún gesto ni nada, solo se quedó contemplándola mientras se pegaba otra vez el pitillo a la boca, no pensaba en Ella, pensaba en la Ausente. El único movimiento que provino de ella, fue titubear y regresar a la fiesta solo para buscar su bolso y marcharse.

Eran las 3 de la madrugada, el estaba sentado en la cama, contemplando el cuerpo orgásmico de la Otra que yacía desnuda boca abajo en un lado de la cama; luego se detuvo a ver, por encima de su cuerpo de Buda, los condones que estaban tirados en el suelo. Los recogió y los dejó en el zafacón, luego buscó los brazos de la Otra para, a pesar de lo calurosa de la noche, abrazarse junto a ella, ella buscó su boca para un último beso y quedo tendida cerca de su cuello. Ya casi salía el sol del sábado.

Sintió que lo adecuado era tomar el celular y pasarle un mensaje, Ella se había ido seguramente molesta. En respuesta del “¿Llegaste bien?”, Ella respondió: “Sí, perdona, no me sentía bien, gracias”. Pensó que era más por prudencia su respuesta que por otra cosa.

Ya iban quedando pocas personas, pasaba la medianoche. Paseo la idea de darse otro poco de Cannabis, después de todo quedaba todavía comida en caso de que el hambre atacara con violencia, y sin titubear se dirigió nueva vez al patio trasero. Sin darse cuenta, fue la Otra quién lo siguió en ese momento.

- “Levántate que ya nos vamos” - le grita su madre, se había acostado después de comer, y entre la hartura y el calor del sur lo tenían bobo. Él se había ido para el sur con la familia. Era Domingo.

- “Cualquiera cree que esto fue un sueño” – dijo al contemplar el celular inerte durante el día completo. Ni una llamada de Ella, ni de la Ausente, ni de la Otra.

Esta vez Él hizo todo el ritual recostado de la pared en el patio trasero. Antes de prender divisó un cuerpo femenino una nueva vez en la entrada, la Otra, alzada en tacos, miraba perpleja e interesada.

Él hizo un gesto de invitación (aquel que no hizo cuando fue Ella quién lo siguió porque consideró que sería un tiro al aire) y la Otra titubeo al principio pero comenzó su marcha hacia donde Él en el mismo instante que la encendedora quemaba los primeros milímetros del cigarrillo especial.

Lo que nunca supo Él, después que la Otras se marchó un sábado en la tarde, es que tendría que lidiar con ver a la Ausente un sábado en la noche, con Ella durante la semana y que con la Otra no pasaría más que uno de los tantos encuentros casuales que el se jacta de decir, mientras escribe estas palabras, que esta harto de tener.

BBQ Bohemio

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Bohemio: inconformista, libre y no convencional.

¿A qué te refieres con un BBQ Bohemio? ¿hay guitarra? – preguntaba un curioso. De tó – respondí – allá se baila, se jadea la cabeza, se bebe, se fuma, en fin, cualquier vaina pasa.

Si nunca has asistido a un “BBQ Bohemio” en la 17-A del 7 ½ de la Sánchez, déjame hacerte participe de lo que se puede esperar.

En dichos BBQ han pasado sin números de cosa, desde las clásicas: “!dejaste quemar la carne!”, “!Emergencia, se acabo el romo!” o “no prenda esa vaina aquí” (que puede funcionar como ustedes quieran) dentro de los confines de la 17-A se han dado los siguientes casos:

  • Fiesta temáticas donde predominan el Rock, bailable, Trova, cantautores y la convergencia de todos estos ritmos que ha muchos podría causarles una embolia.
  • Pleitos, tanto entre hombres como entre mujeres, y mixtos.
  • Se ha combinado el BBQ con una lasaña hecha en casa o una empaguetada.
  • Gente han sido, literalmente botadas por infringir las leyes de un coro Bohemio.

Es tanto así que hasta un aguinaldo ha pasado por uno de los BBQ Bohemios y ha sido celebrado en la playa en donde en una ocasión fue testigo de una desgracia.

Le susodicho bohemio ha servido para innumerables tertulias, cortejos sorpresas, sustos de por vida (¡va explotá esa vaina!) y camas encendidas (carita guiñando el ojo).

Lo que si hay que tener claro es que a un BBQ Bohemio no se va hacer drama, allí se pierde la vergüenza y se olvidan los malestares. Sin embargo, hay dos cosas claves que no se pueden olvidar cuando se dirijan a uno de estos.

Primero: al cocinero (y sus ocasionales sustitutos) no se molesta.

Y segundo: nunca debe olvidarse lo que bebe el cocinero y anfitrión por si acaso tienen las dudas de ¿qué llevo?

Día: Viernes 28
Lugar: Primera 17-A, Procasa; 7 1/2 carr. Sánchez
Hora: a partir de las 6:00 p.m.
Es de Traje, el que no lleva se queda afuera

Entre Benedetti y copas de vino

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Tomando en cuenta el comentario que me dejara Argénida en el post “Testigo de uno mismo” donde decía: “Qué seria del mundo sin èl! Magnifico, simplemente”; el mini homenaje realizado a Benedetti por unos cuantos bohemios se caía por si solo de la mata.

Por lógica, la premisa del homenaje era una locura. Un día tan caluroso, con amenaza de lluvia, en una casa famosa por tener complejo de horno y encima de eso que lo hiciéramos con vino, había que andar mal de la cabeza, pero al final del día, se dio y se dio a más; no andábamos muy cuerdos después de todo.

La verdad, nos tomó unas horas y varias botellas de vino comenzar el despliegue de palabras Beneditteadas (si me permiten el término) pero una vez que comenzamos, nos peleábamos el derecho a la palabra como horas antes batallábamos por un bocado de picadera.

Como era de esperarse, comenzó “El amor, las mujeres y la vida” (el más visitado de la noche) navegándose en versos que concluidos uno detrás de otro eran amenizados por entonaciones musicales, todas “acordes” al Benedetti leído, que le dieron un toque peculiar y gracioso a la noche bohemia.

Para no sucumbir 
ante la tentanción 
del precipio 
el mejor tratamiento 
es el fornicio

Con Benedetti la noche sirvió para destapar culpas ajenas, declaraciones, anécdotas, deseos encontrados y demás discusiones que propiciaba el ánimo dejado por un concierto de Jorge Drexler semi-ignorado. Entonces caían de “Canciones del que no canta” y “El mundo que respiro”.

De joven eres fuerte en grupo; de viejo, en soledad” 

el mundo que respiro

tiene quejas de mártires

mensajes de suicidas

explosiones de júbilo

y no obstante no obstante

vivo porque respiro”

Sin darnos cuenta, un poco de auto convencimiento cómplice, caía la tan variada “raza” de vinos tintos, que hacían a algunos “sufrir” más que otros. Y llegaban “El porvenir de mi pasado” y partes de “Insomnios y duermevelas” incrustados gracias al “copy-paste” en un documento de Word. 

En un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también

 

Que te quede bien claro

donde acaba tu boca

ahí empieza la mía!

La noche, la exquisita y larga noche, cerró en narrativa; la carta de Alicia a Miguel, una joya de su primera novela “¿Quién de nosotros?” de 1953 provocó euforia dentro de la audiencia. “Triángulo Isósceles” siguió la narrativa que llegaba su final y en un momento final de narración el poco visitado “Buzón de tiempo” cerró la noche con su “Asalto en la noche”.

“En su botín de la noche, ¿no le interesa mi camisón?”

Luego de que los que andaban de pie se marcharán y se discutiera que animal se mataría para cocinarlo entre los pocos que quedaban, la noche termino muriendo “a la mexicana” entre tertulia de cine y una música que sonaba a lo fondo recordando todas las canciones ignoradas de la tarde y que son indispensable en cualquier “cateo” de vino se declame o no la obra de un grande.

Adiós a uno de los más grande

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«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (...) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas,
este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano
horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (...)».


Después de una larga batalla con la enfermedad, Benedetti se despide de nosotros y nos deja envuelto con todas sus letras que tanto utilizamos como armas en cuestiones del amor, cuestiones de nostalgia y en todas las noches bohemias.

Ese rostro de una angustia larga y de una felicidad escondida, ese de caricatura real, de intelecto sin igual, deja un legado muy difícil de igualar. A Benedetti le debo mucho, mis arranques poéticos de vez en cuando, el compartir mi deseo cuando me enamoro, cuando me ataca el desamor, en fin, Benedetti estuvo y estará en cada fracción de nuestro ser.

A usted maestro, no le digo adiós, sino: hasta luego.

"Paso que pasa

rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
después y sólo
solo y después
seguro que me olvido.
"

http://www.elmundo.es/especiales/2009/05/cultura/benedetti/album/index.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura/poeta/compromiso/elpepucul/20090517elpepucul_6/Tes